Creía haberlo superado, pero en ese instante, al ver a esos dos en la pantalla, toda la envidia, la frustración y el resentimiento que llevaba reprimidos en el fondo de su corazón volvieron a brotar sin control.
No obstante, sabía muy bien que ninguna de sus emociones afectaría en lo más mínimo a esa pareja.
Ellos estaban en lo más alto del mundo, acaparando las miradas de todos. Mientras tanto, ella se había quedado completamente sola. Su madre ya no estaba y su padre se pudría en la cárcel; no le quedaba un solo familiar en este mundo.
Salió de la mansión, se metió a su coche y se quedó sentada ahí durante muchísimo tiempo, con la mirada vacía.
***
En la base de la Novena Región Militar.
El entrenamiento del día acababa de terminar. La televisión montada en la pared transmitía las noticias.
Anselmo buscó un lugar apartado en la esquina para sentarse con su bandeja de comida. Acababa de regresar de una misión y todavía traía encima todo el cansancio del viaje. Poco después, Héctor Bautista se sentó a su lado, alzó la vista hacia la televisión y sonrió.
—¡Miren rápido las noticias! —exclamó.
Anselmo levantó la cabeza de inmediato justo cuando la toma cambiaba.
Un rostro muy conocido apareció en pantalla. Su mano se detuvo a la mitad de un movimiento.
En la televisión se veía a Micaela con un elegante vestido de gala, parada sobre el escenario...
—¡Una científica de nuestro país se ganó el premio...!
—¡Qué chingón!
—¿Micaela? ¡Ese nombre me suena de algo! ¿No vino a la base hace tiempo?
—Sí, ya me acordé. Yo también la vi aquella vez.
El comedor se llenó de algarabía en un instante.
Anselmo se quedó mirando la pantalla en silencio, mientras una sonrisa asomaba lentamente en sus labios.
Lo había logrado.
Y había llegado mucho más lejos de lo que él imaginó.
—Es una mujer impresionante —comentó Héctor.
—Sí. Se lo merece —respondió Anselmo saliendo de su ensimismamiento con una sonrisa.
La cámara también enfocó a Gaspar. Anselmo miró la pantalla; viendo las cosas en perspectiva, ese hombre realmente estaba a la altura de Micaela.
En eso, otro soldado se acercó corriendo y le preguntó:
—Mayor Anselmo, ¿no se llevaba usted muy bien con la doctora Micaela?
—Así es, somos amigos —respondió Anselmo sonriendo y asintiendo.
Amigos que estarían dispuestos a dar la vida el uno por el otro.
Ella era su amiga, la persona que más admiraba, y quien no lo abandonó ni siquiera en sus peores momentos.
Se alegraba muchísimo por ella, desde el fondo de su corazón.
***
La noticia de que Micaela había sido premiada recorrió todo el país. Empezó a recibir montones de llamadas para felicitarla. Entre ellas estaban las del vicepresidente, del alcalde, de Zaira Molina, del profesor Víctor y del director Ismael; todos ellos mentores que la habían apoyado en el pasado.

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