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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 203

El semblante de Fernando se ensombreció al instante.

Él estaba haciendo un esfuerzo genuino por demostrarle a todos el lugar tan importante que ella ocupaba en su vida. Incluso esas muestras públicas de afecto eran para consolidar su posición como la señora de la casa, y, sin embargo, ella lo despreciaba.

—Isabel, ¿no crees que estás abusando de mi paciencia? —El tono de Fernando cambió drásticamente, aunque luego añadió—: Pero no voy a discutir contigo hoy.

—Yo tampoco tengo intención de pelear. Solo te pido que te ahorres el teatrito. No me interesa.

Tras decir esto, Isabel se marchó a continuar con sus tareas de anfitriona.

La lista de invitados no era masiva, por lo que una cena formal sentados a la mesa no era lo ideal. En su lugar, Isabel había organizado una elegante recepción al aire libre en los jardines de la Casona Montero. Se dispuso un suntuoso banquete tipo buffet para que los invitados pudieran circular, comer y conversar libremente.

Como a Doña Sofía no le gustaba el bullicio exagerado, Isabel omitió los espectáculos ruidosos y contrató a un cuarteto de cuerdas para que amenizara el ambiente con melodías suaves. Los músicos ya se estaban preparando.

Pero la abuela amaba los fuegos artificiales, así que Isabel le había organizado un espectáculo pirotécnico de primer nivel. Era una sorpresa absoluta que se revelaría justo antes del brindis.

Isabel se acercó a Carlos, el mayordomo, para hacer un último recorrido por el perímetro de seguridad. La zona de lanzamiento estaba ubicada a una distancia prudente de las mesas, cerca de un estanque decorativo en un ala lateral de los jardines, garantizando la seguridad de los invitados.

Al ver que todo estaba bajo control, Isabel soltó un suspiro de alivio.

Era la primera vez que organizaba el cumpleaños de la abuela, y quería que fuera una muestra de gratitud por todo el cariño que le había brindado en el último año. No podía permitir el más mínimo error.

Mientras caminaba de regreso, se encontró con Don Ricardo Solís, que daba un paseo por el jardín.

—Isabel, mi niña.

—Don Ricardo.

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