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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 390

Los abuelos de la familia Solís también la consentían muchísimo. Acababa de reencontrarse con ellos y, de marcharse repentinamente, temía que les doliera demasiado.

—No pasa nada, ya veremos qué hacemos. El juicio es en una semana y yo estaré en primera fila para apoyarte. Después de firmar los papeles, tendrás tiempo de sobra para decidir.

—Está bien.

Doña Matilde sacó los documentos de la donación de la casa para que Isabel los firmara.

Isabel le comentó que casi nunca iba a Puerto Gaviota porque vivía en San Jacinto, y que no hacía falta que le dejara la propiedad.

Pero Doña Matilde insistió, argumentando que era la última propiedad que les quedaba en el país, que de todos modos sería suya en el futuro y que así se ahorrarían tener que viajar desde el extranjero para hacer el trámite.

Sin poder convencerla, Isabel firmó y acompañó a su abuela a la oficina de registros para oficializar el traspaso.

Por otro lado, Fernando, tras marcharse de la casa lleno de rabia, planeaba regresar a San Jacinto de inmediato.

Pero antes de llegar al peaje, dio media vuelta.

Había llegado con Isabel; no podía dejarla tirada y largarse solo. Si lo hacía, se convertiría en un miserable.

Regresó a la ciudad, se hospedó en un hotel y pidió una botella de vino, la cual bebió sumido en su frustración.

Isabel realmente había cambiado.

Ya no era la mujer fácil de contentar o de engañar.

Lo estaba volviendo loco. En todos los años que llevaba con Camila, jamás le habían dado tantos dolores de cabeza.

Ni Camila lo había hecho sentir tan miserable.

Sin darse cuenta, se acabó dos botellas de vino y cayó profundamente dormido en la cama del hotel.

Cuando abrió los ojos, la habitación estaba en tinieblas. Se levantó de un salto y, al revisar su reloj, notó que eran casi las siete de la noche.

¡Maldición!

Tenía que llevar a Isabel al aeropuerto a recoger a Adriana.

Pidió un servicio de chofer y se metió rápido a la ducha.

Al salir, el chofer ya lo esperaba.

Subió al auto y le marcó de inmediato a Isabel.

Isabel seguía en Puerto Gaviota; como Doña Matilde y Sebastián supieron lo del divorcio, decidieron acompañarla a San Jacinto en un par de días para visitar a otros familiares antes de volver.

Capítulo 390 1

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