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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 507

A Fernando se le encogió el corazón; sintió una opresión sorda y dolorosa en el pecho.

—¿Recién llegas de tu viaje de estudios? ¿Estás cansada?

—Aprender cosas nuevas nunca cansa. ¿Está esperando a alguien, señor Montero?

—Sí.

—Entonces no lo interrumpo más. Con permiso.

Isabel apenas había dado un par de pasos cuando Leonardo la divisó.

—¡Isabel!

Dos voces resonaron casi al mismo tiempo, una frente a ella y otra a sus espaldas.

Fernando volteó y vio a Leonardo, con un enorme ramo de rosas en las manos, saludando a Isabel efusivamente.

Había intentado detenerla para cruzar un par de palabras más.

Pero alguien ya se le había adelantado.

—¡Fernando!

Justo cuando Isabel llegó a la altura de Leonardo, escuchó una voz femenina inconfundible a sus espaldas. Al girarse, vio a Camila, arrastrando una maleta con una mano y agitando la otra hacia Fernando.

Sobre la maleta iba sentado un niño de un año y medio.

—¡Fernando!

Camila corrió hacia él y, pegando su mejilla a la del pequeño, le dijo: —Mi amor, ¿verdad que te morías de ganas por ver a papá? Vamos, dile "papá".

—Papá.

El niño lo miró fijamente y repitió la palabra con ternura.

Fernando se quedó petrificado, incapaz de mover un solo músculo.

El niño era la viva imagen de Mateo y Ángel; sus rasgos eran tan idénticos a los suyos que cualquier prueba de ADN saldría sobrando. Con solo mirarlo, no cabía la menor duda de que era de su propia sangre.

Leonardo, siguiendo la mirada de Isabel, también vio a Camila y al niño. Sin dudarlo, le dijo a Isabel:

—Vámonos, Isabel.

Ella le dedicó una sonrisa a Leonardo y ambos se marcharon.

Sin embargo, detrás de esa sonrisa se escondía una punzada de dolor.

Sabía lo del embarazo de Camila.

Capítulo 507 1

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