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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 737

Últimamente, las cosas habían sido sumamente estresantes.

A Isabel, en verdad, le vendría bien un cambio de aires.

Pero con Fernando herido en el hospital y Camila acechando para llevarse a Felipe, no podía irse.

Si ella se iba, ¿quién velaría por los intereses de Felipe?

—Abuela Matilde, ¿ya te regresas?

—Llevo varios días aquí, ya es hora de volver. Isabel, tu tía Beatriz aún no te conoce. Está mal de salud y no puede viajar muy lejos, sería una excelente oportunidad para que vayas a verla.

Isabel dudó un momento y terminó contándole a Doña Matilde lo que había pasado el día anterior.

Le prometió que, en cuanto solucionara lo de Felipe, iría al extranjero a visitar a su tía.

Doña Matilde comprendió que resolver lo del niño era la prioridad, así que no insistió más.

Se quedaron conversando largo rato en la sala de los Solís antes de que Doña Matilde se despidiera.

Una vez resuelto el asunto fúnebre de los patriarcas de la familia, Julia Solís y Luis Cortés también empacaron sus cosas.

De un día para otro, la casa que antes rebosaba de gente y ruido se quedó sumida en un profundo silencio.

Al día siguiente, Silvia terminó con los arreglos funerarios de Sara. Al principio, había planeado regresar a la capital en cuanto todo se calmara.

Pero como los ancianos Solís ya no estaban, Isabel tenía que trabajar y había tres niños que cuidar, decidió quedarse para echarle la mano.

—Mamá, otra vez tienes que preocuparte por mis cosas —le dijo Isabel, apenada.

—No tengo ningún otro pendiente, y la verdad, me fascina cuidar a mis nietos. Nuestros tres tesoros son unos angelitos.

Isabel le tomó las manos con cariño y le dijo en un tono comprensivo: —Mamá, lamento mucho lo de Sara.

Obviamente, Isabel no estaba dispuesta a rendirle honores a Sara en el funeral.

—No te preocupes por mí, Isabel. Se lo buscó ella solita. Me encargué de su funeral solo para darle una última despedida digna, pero tengo las cosas muy claras.

Silvia era una mujer razonable.

Sara tenía todo para llevar una vida maravillosa, pero lo arruinó. No tenía sentido llorar por lo que pudo haber sido.

—Mamá, gracias por entender.

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