Capítulo 8 – El Precio del Vacío
La bandeja de entrada de Adrián Castell parpadeó con una notificación nueva justo cuando el reloj del sistema marcaba las 18:26. Llevaba horas encerrado en su oficina acristalada del piso veintitrés. No había hablado con nadie en todo el día. Las luces automáticas estaban apagadas, a excepción del brillo opaco del monitor y el parpadeo débil de una lámpara de escritorio que amenazaba con fundirse.
Frente a él se extendía un campo de batalla: carpetas abiertas, informes financieros, gráficas que caían con la violencia de cuchillas, simulaciones que pronosticaban, con una frialdad quirúrgica, la muerte lenta de su proyecto más ambicioso.
Sus dedos, entumecidos por el frío y la tensión, apenas sostenían el lápiz con el que había hecho anotaciones durante toda la jornada. La camisa azul claro tenía las mangas arremangadas, los codos marcados por el esfuerzo. La chaqueta del traje colgaba desde temprano en el respaldo de una silla que ya no le pertenecía.
Con un movimiento lento, como si hasta eso le costara, Adrián se llevó ambas manos a las sienes y presionó con los dedos. No era un dolor de cabeza común. Era el tipo de presión que nace del agotamiento emocional, de la culpa sin nombre, del miedo real.
Había dormido apenas tres horas en dos días.
Había perdido peso, claridad y el control de su vida .
Fue entonces, como si el universo decidiera cobrarle todo junto, que aquel correo llegó.
Asunto: Confirmación de Cita Médica
Estimada Sra Sofía Rojas,
Le confirmamos su cita ginecológica en la Clínica del Dr. Dumas, ubicada en Av. Del Bosque 1523, Monteverde, para el día viernes a las 9:00 horas, con el Dr. Dumas.
Motivo de la consulta:
Revisión de estudios realizados
Evaluación clínica general
Esta consulta forma parte del seguimiento integral de su salud ginecológica y tiene como objetivo interpretar los resultados obtenidos, realizar una revisión clínica completa y, en base a ello, conversar sobre los próximos pasos a seguir.
Adrián leyó la línea una vez.
Luego otra y otra más.
“Próximos pasos a seguir.”
“Consulta ginecológica.”
“Clínica para la mujer.”
Y entonces, lo entendió.
Sofía está embarazada.
El aire se volvió espeso, denso, casi irrespirable.
Fue como si la oficina se encogiera de golpe, como si los muros lo apretaran desde todos lados. Cerró el correo de inmediato, empujó el portátil hacia adelante, se puso de pie con torpeza y agarró las llaves del coche y el abrigo como quien escapa de un incendio.
No pensó en nada más. Ni en los inversores, no le importo que los laboratorios estuvieran colapsando.
Ni siquiera en Valeria, que dormía en su departamento de soltero con una enfermera contratada por él.
Todo su mundo se redujo a una única imagen:
Sofía estando sola .
Sofía entrando a una consulta que debería haber compartido.
Sofía tomando decisiones sin él.
Sofía llevando en el cuerpo una vida que era de ambos… pero que él había dejado sola por cobardía e idiotez.
La encontró de pura casualidad, o por instinto, quien sabe.
Tal vez fue el recuerdo de los años compartidos desde niños lo que lo guió a esa salida lateral de la clínica, esa que Sofía siempre usaba para evitar encuentros innecesarios.
Ella caminaba con paso firme, con su uniforme blanco de médica colgado en su brazo, el cabello recogido en una trenza que colgaba ligeramente desordenada sobre su espalda. Tenía una mochila al hombro, y aunque había ojeras bajo sus ojos, había en su andar una decisión que lo dejó sin aire.
Esa era Sofía.
La que nunca pedía permiso a nadie ,la que no gritaba su dolor y la que simplemente avanzaba.
Adrián la observó desde el auto, con el motor encendido y el corazón en la garganta. Cuando ella se acercó a su coche, estacionado unos metros más allá, él maniobró y colocó el suyo justo delante, bloqueándole el paso.
Ella frenó en seco.
—¡Adrián! —exclamó, frunciendo el ceño, sorprendida y claramente molesta.
Él bajó la ventanilla, con el rostro pálido, demacrado, con el abrigo arrugado y los labios entreabiertos, como si no supiera por dónde empezar.
—Necesito hablar con vos. Es urgente.

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