"¿Jack, te has olvidado de nuestra conversación? ¿O acaso creíste que estaba bromeando?" Preguntó Trevor con una sonrisa burlona, arrastrando una silla con violencia hasta sentarse.
Con una arrogancia desmedida, cruzó las piernas sobre la mesa del comedor, haciendo que la vajilla temblara con un ruido ensordecedor.
Jack sintió un nudo en la garganta, su miedo crecía con cada segundo. Abraham, aunque reservado, conocía la siniestra reputación de Trevor: un hombre capaz de cometer crímenes atroces sin tener que enfrentar consecuencias legales, por lo que el rostro del anciano palideció, luego carraspeó con nerviosismo.
"Señor Trevor, por favor díganos, ¿mi nieto ha hecho algo que lo ofendiera?"
La burla de Trevor se profundizó, su expresión oscureció aún más. "Jack me debe mil millones de dólares, y todavía no me ha pagado."
¡¿Qué?!
¡¿Mil millones de dólares?!
"¡Eso es imposible!" Los ojos del abuelo Abraham se abrieron por la incredulidad.
No siquiera sumando los bienes de toda la familia Lancaster, podrían llegar a tanto.
El resto de los integrantes de la familia intercambiaron miradas aterrorizadas.
"¿Imposible? ¡Ja! ¿No saben qué clase de basura es su nieto?" Trevor se rio ferozmente, como si encontrara toda la situación divertida. "Déjame contarte entonces, viejo. ¡Tu nieto bastardo apostó sin control en mi casino, acumuló deudas e incluso se dio gustos con las mujeres a crédito!"
"¿Qué? Eso... ¡eso no puede ser cierto!" Abraham jadeó, aferrándose a la esperanza de que hubiera algún error o se tratara de otra persona. "¡Debe haber un malentendido! ¡Debes haberlo confundido con alguien más!"
"¿Me estás diciendo mentiroso?" Tronó Trevor, golpeando un cuchillo sobre la mesa, con un fuerte ¡PUM!
"¡Soy un asesino, no un mentiroso! ¿Por qué no le preguntas a tu nieto?" Trevor se rio de forma siniestra, sus ojos brillaban con malicia.
El rostro de Abraham se oscureció mientras se volvía hacia su nieto, su voz temblaba con la furia. "Jack, ¿es verdad lo que dice el señor Trevor?"
Los labios de Jack temblaron mientras luchaba por responder, el sudor empapaba su ropa, y sus ojos vacilaban. Incluso un niño podría ver que era culpable.
Podía mentir, pero, ¿de qué serviría con Trevor observándolo, como un gato acechando a un ratón?
"Abu—Abuelo, yo... lo siento. Yo... yo no pedí prestado tanto," tartamudeó, su voz disminuía con cada palabra. "Yo... yo solo pedí prestado... solo 1... 1 millón. No es gran co..."
Antes de que Jack pudiera terminar, la mano del abuelo voló a través de su cara con una sonora bofetada.
¡Plaf!
El golpe fue tan fuerte que casi le dislocó la mandíbula a Jack, quien retrocedió tambaleándose, sujetándose la cara mientras veía estrellas bailar ante sus ojos.

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