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Dominio Absoluto romance Capítulo 67

El dueño del restaurante estaba furioso al descubrir que Josefina se había atrevido a renunciar.

Cegado por la ira, entró violentamente a su modesta casa y cerró la puerta con un estruendo tras él.

"¡Grace!" Le gritó a su esposa, que en ese momento doblaba ropa tranquilamente en la sala. "¡Mañana abrirás tú el restaurante!"

La mujer levantó la mirada, asustada por su repentino estallido de ira. "¿Qué pasó con Josefina?"

"¡Renunció! ¡No hagas más preguntas!" Le espetó mientras caminaba por la habitación como una fiera enjaulada.

Grace palideció. "Pero... no sé cocinar".

"¡Hazlo como siempre has sabido hacerlo!" Ladró el hombre.

"Brock", suplicó ella con lágrimas asomándose a sus ojos. "De verdad no sé cómo manejar el restaurante. ¿No puedes encontrar a alguien más?"

"¡No me contradigas!" Gritó él, empujándola a un lado.

Grace perdió el equilibrio y tuvo que apoyarse en la pared.

"¡Haz lo que te diga y ya!"

A la mañana siguiente, Grace atendía sola el mostrador del abarrotado restaurante. Le temblaban las manos por intentar seguir el ritmo de los pedidos que no dejaban de llegar.

Brock estaba sentado en una mesa de la esquina con los brazos cruzados, la miraba con una mezcla de desdén e impaciencia. Mientras tanto, los clientes empezaban a mostrar señales de irritación.

"¡Eh! ¿Para cuándo nuestra comida? ¡Ya casi se me acaba el descanso!" Reclamó un hombre corpulento, señalando su reloj.

"Qué ridículo", murmuró otro cliente al tiempo que empujaba su silla hacia atrás. "Me voy".

Brock perdió los estribos y se abalanzó sobre Grace, con el rostro desfigurado por la ira.

"¡Es facilísimo! ¿Por qué no puedes con esto? ¡Por tu culpa estamos perdiendo clientes y dinero!"

Grace llegó al límite de su paciencia. "Si es tan fácil, ¿por qué no lo haces tú mismo?"

"Desagradecida." Gruñó Brock mientras levantaba la mano.

Uno de los mineros, que había estado observando la escena, se puso de pie. "Oye, amigo, ya basta. Quítale las manos de encima".

El dueño del restaurante se dio la vuelta. "¡No te metas donde no te llaman! Es mi mujer y puedo hacer lo que quiera con ella".

"Aquí no te lo voy a permitir".

"¡Vete a la mierda!"

Antes de que Brock pudiera reaccionar, el minero le dio un puñetazo en la cara y le rompió la nariz con un crujido repugnante. Tambaleándose hacia atrás, soltó un aullido de dolor y la sangre manaba de su rostro abundantemente.

"¡Pagarás por esto!" Gritó Brock mientras agarraba una silla y la blandía violentamente.

Dos mineros más intervinieron y entre los tres, redujeron a Brock, dejándolo malherido y tendido en el suelo.

***

Mientras tanto, en el orfanato, Álex se afanaba con sus herramientas. Con dedicación, reparó las camas de los niños, arregló la chirriante puerta del baño y remendó los tramos deteriorados de la vieja cerca.

Los niños correteaban a su alrededor, entusiasmados, señalando cosas que necesitaban reparación, al mismo tiempo que charlaban animadamente.

"Es una suerte tener a un muchacho tan habilidoso con nosotros". Comentó Ruth desde su silla de ruedas en la mesa de la cocina.

"Solo para que lo sepas, este es trabajo gratuito", le dijo Josefina a Álex mientras preparaba un estofado en la cocina. "No tenemos dinero para pagarte".

Álex se limpió el sudor de la frente y sonrió. "No te preocupes. Cuando ayudas a los demás porque quieres, eso se parece mucho al cariño".

Ella lo miró y una leve sonrisa se asomó en sus labios. "Como quieras".

Él sonrió con suficiencia. "Además, si tuvieras que pagarme, no te alcanzaría para pagar mi precio. ¡Mejor agradece y prepárame un poco de ese rico arroz frito!"

Josefina puso los ojos en blanco. "Qué seguro de ti mismo eres, ¿no? Sin trabajo y con ese ego tan inflado... seguro te crees todo un príncipe".

"Soy más que un príncipe". Respondió él de forma juguetona.

"Sigue soñando". Replicó ella, sacudiendo la cabeza.

Las bromas entre ellos surgían con naturalidad, cada comentario juguetón recibía una respuesta ingeniosa sin esfuerzo. Mientras tanto, Ruth los observaba con un brillo en los ojos.

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