"No lo sé", murmuró el contador. "Dame un momento para resolverlo".
Peter miró a Álex, la confusión y el miedo se reflejaban en su rostro.
'¿Acaso Álex es el responsable de este desastre? ¿O solo es una desafortunada coincidencia?' Antes de que pudiera seguir reflexionando, el sonido de su celular interrumpió sus pensamientos y se apresuró a contestar.
"¿Sí, papá?"
"¡Desgraciado!" Rugió su padre al otro lado del teléfono. "¿Qué demonios hiciste? Han congelado todos nuestros bienes y nos están investigando. ¿Te das cuenta de lo grave que es esto? ¡Si no lo solucionas ya mismo, estamos acabados!"
"¡Escúchame, papá! Por favor, explícame lo que ocurre". Le suplicó Peter tratando de entender, aunque el pánico le oprimía el pecho.
"¿A quién demonios ofendiste? Alfred Kingston ha congelado nuestros bienes y dice que iniciará una investigación de todos nuestros negocios y cuentas. ¿Crees que podemos soportar ese tipo de revisión? ¡Van a sacar todos nuestros trapos sucios y terminaremos todos en la cárcel!" Exclamó su padre con la voz cargada de desesperación.
De pronto, intervino su madre con una voz suave y temblorosa.
"Peter, por favor", suplicó ella. "No puedo ni imaginar acabar mis días encerrada en una cárcel. Por favor, discúlpate con quien sea que hayas molestado".
Peter miraba a Álex mientras sus manos temblaban sin control y un escalofrío recorría todo su cuerpo. Al repasar mentalmente su día, se dio cuenta de que solo había ofendido a una persona: el joven que tenía enfrente y había menospreciado. La realidad lo golpeó como un rayo cuando comprendió que Álex no era un simple don nadie, sino alguien con poder suficiente para destruirlo.
¿Existía tormento mayor que ver desvanecerse una fortuna entera, el esfuerzo de toda una vida reducido a cenizas en un suspiro?
Al instante, cayó de rodillas temblando hasta tocar el suelo con la frente. Mientras tanto, los presentes observaban la escena desconcertados, incapaces de comprender lo que sucedía.
Pero Peter comprendía perfectamente que una investigación minuciosa significaría su inevitable ruina, dejándolo sin escapatoria alguna ante la destrucción asegurada de todo su patrimonio y de su familia.
"Mi señor", murmuró Peter con la cabeza presionada contra el suelo. "Tenía ojos, pero no me di cuenta de su poder. Perdóneme... por favor, deme una oportunidad de salvar a mi familia. Se lo suplico. Haré lo que sea, solo perdóneme".
Golpeó con fuerza su frente contra el suelo, produciendo el sonido de un impacto duro y desesperado. Sin embargo, Álex lo contemplaba con frialdad.
"Te lo dejaré claro, si me demuestras que de verdad te arrepientes por intentar quitarme a mi esposa, quizás te perdone. Pero si no lo haces, los Smith van a desaparecer por completo".
Peter sentía que sus pensamientos se aceleraban sin control. Jadeaba, intentando recuperar el aliento.
"Tienes cinco minutos", continuó Álex con un tono cortante. "Más te vale comportarte como un hombre decente, y recuerda que esto debe quedar entre nosotros".
Un peligroso destello apareció en los ojos de Peter mientras apretaba la mandíbula. Estaba al borde de perder todo por lo que su familia había trabajado durante generaciones, y todo por un compromiso que nunca debió perseguir. Inclinándose profundamente, se giró, se levantó y caminó con pasos decididos hacia la familia Lancaster. La furia oscurecía su mirada cuando Mike lo vio acercarse y sonrió con desdén.
"Peter, mi futuro cuñado. ¿Ya te encargaste de ese don nadie?"
De la nada, Peter golpeó a Mike en la cara con su puño, haciéndolo tambalearse, causando que los presentes jadearan sorprendidos.
"¡Cuidado con tus palabras!" Gritó Peter con tanta fuerza que su voz retumbó en toda la habitación.

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