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Donia: Falsa Heredera, Múltiples Vidas romance Capítulo 1910

El doctor terminó de ajustar los datos en el panel digital, su mirada fija en la pantalla mientras daba los últimos toques. Luego, con manos ágiles y nerviosas, colocó el chip que había extraído de Darío dentro del compartimiento del aparato principal. Apenas terminó de acomodarlo, empujó el artefacto con rapidez hacia la cama metálica que se encontraba en la habitación contigua.

El joven que yacía en la cama —Federico— tenía el rostro pálido, el cuerpo atado con correas gruesas. El doctor lo observó, y aunque en un principio su expresión denotaba cierto recelo, pronto fue reemplazada por un destello de locura en sus ojos.

Si el experimento salía bien, todas las dificultades que enfrentaban allá afuera se disiparían como neblina con el sol. No solo eso: su laboratorio sería reconocido como la nueva ‘Primera Base’. No, mejor aún, pensó el doctor, lo superarían y hasta lo reemplazarían.

Sin vacilar más, tomó el cable conector bajo la guía de Darío, quien no apartaba la vista ni un segundo, y se preparó para fijarlo en la cabeza de Federico.

Para lograr la coexistencia de memorias, era indispensable extraer y leer cada recuerdo alojado en el cerebro de Federico. Era el paso más delicado; si fallaban, el siguiente movimiento sería un verdadero problema.

Después de todo, el líder de la Agencia de Armamento no era alguien fácil de manipular, ni mucho menos de doblegar.

El doctor bajó la mirada, el cable oscilando en su mano, a punto de colocarlo sobre la sien de Federico… cuando, de pronto, el hombre que debía estar inconsciente abrió los ojos de golpe.

Sus pupilas profundas se clavaron en los ojos del doctor, quien sintió cómo la sangre le corría al revés por todo el cuerpo y se le helaba la piel.

—Tú…

¡Federico estaba despierto!

...

Al mismo tiempo, afuera del edificio, en un carro estacionado junto a la banqueta, Donia tenía sobre las piernas una laptop. Sus dedos se desplazaban con una velocidad endemoniada sobre el teclado, mientras líneas de código pasaban en cascada frente a sus ojos y la pantalla cambiaba una y otra vez.

Hugo, vestido con ropa de combate, se acercó al carro y, sin perder tiempo, se metió al asiento del copiloto. Girando el cuerpo hacia Donia, le lanzó una mirada preocupada.

—Los de adentro ya amenazaron: si intentamos entrar a la fuerza, pueden… podrían hacerle algo a Federico.

Donia ni siquiera levantó la vista, sus dedos jamás se detuvieron, los ojos fijos en la pantalla. Pasaron treinta segundos de puro tecleo antes de que hablara.

—La señal de Federico está en el segundo sótano. El sistema de seguridad es una locura, aún si intentamos entrar directo, las probabilidades de éxito son mínimas.

Nunca había estado en ese lugar, pero el puro acto de hackear el sistema le dejó claro que era más fuerte que la mismísima Primera Base. Solo las barreras láser eran tantas que no había ni un rincón libre de vigilancia.

Los dedos de Donia se movieron todavía más rápido.

—¿Entonces qué vamos a hacer? —preguntó Hugo, cada vez más inquieto, sobre todo desde que escuchó la plática entre Donia y Gabriela. El miedo de perder a Federico, de que lo convirtieran en otra persona, se le había metido hasta los huesos.

Donia dejó de teclear de repente y, alzando la mirada, contempló el edificio por la ventana. La construcción, vieja y descuidada, mostraba cicatrices de años y años de uso. El cielo estaba tan gris y cargado que parecía que en cualquier momento se desataría una tormenta.

Bajó la vista, cerró la laptop y masajeó su muñeca antes de abrir la puerta.

—Coloqué un programa que va a bloquear los sistemas, pero solo tengo un minuto de margen —dijo, saliendo del carro.

Hugo parpadeó, sorprendido, y enseguida se bajó también.

—Señorita Hernández, ¿entonces usted va a…?

Donia apenas tocó su comunicador en el cuello, ladeando la cabeza.

—Yo entro, tú quédate afuera y apóyanos en cuanto demos la señal.

Su silueta era delgada pero decidida, y su voz, llevada por el viento, era tan firme que Hugo no necesitó más para obedecer.

—Entendido —asintió.

Vio cómo Donia se perdía entre las sombras de la entrada, respiró hondo para calmarse y, con el comunicador especial, dio instrucciones rápidas a los agentes ocultos cerca del edificio.

Conocía bien a Donia. Sabía que nunca se lanzaba a lo loco. Si ella iba sola, era porque tenía todo calculado.

...

Capítulo 1910 1

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