Capítulo 102 Vanessa tembló sin poder evitarlo y se asustó. Al recordar las imágenes de Alexis abalanzándose sobre ella, sintió tanto rechazo como pánico, por lo que se encogió para tomar distancia.
—¿Qué pasa?
Rafael notó su miedo y sintió culpa.
—Perdón, ¿te asusté?
Vanessa respiró hondo y le tomó un momento tranquilizarse.
—No es nada, son cosas mías.
De hecho, cuando se casaron, habían acordado que para considerar válido el matrimonio debían tener intimidad.
En ese último mes, lo más lejos que habían llegado era a darse unos cuantos besos. Rafael la respetaba y no la había presionado para dar el siguiente paso.
—Yo...
Intentó decir algo, pero Rafael la interrumpió. Le acarició la cara con ternura.
—Boba, solo bromeaba. No te preocupes, tenemos toda la vida por delante.
Vanessa se quedó pasmada mirándolo. "¿Eso significa que no nos vamos a divorciar y que sí tenemos un futuro juntos?" Al pensar en eso, se alegró.
Rafael se puso de pie y se desabrochó el saco con una mano. Su tono de voz era tranquilo.
—Mi papá irá a ver a tu abuelo en un par de días para cancelar tu compromiso. Ah, y ya sabe que tú y yo nos casamos.
Vanessa se sorprendió.
—¿Tu papá ya lo sabe? Entonces, los demás...
Adivinando sus miedos, Rafael le respondió con calma.
—Por ahora solo lo saben él y el abuelo. Ya dejé todo arreglado, así que no te preocupes.
—No hace falta—lo interrumpió Vanessa—. Nos reunimos para cancelar el compromiso, no para verte hacer tu teatrito.
Rafael estaba sentado a su lado. Su loción con toques de madera de cedro olía muy bien y le dio a Vanessa una inmensa sensación de seguridad. Por eso, al dirigirse a Alexis, su actitud fue mucho más indiferente y firme.
—Alexis, en cuanto firmes el documento para anular el compromiso, tú y yo dejaremos de tener cualquier tipo de relación.
Al decir eso, a Vanessa le cruzó un pensamiento un tanto malicioso: "Ya quiero verle la cara cuando tenga que decirme cuñada. ¡Nada más de pensarlo me da mucho gusto!" Al ver que ella no pensaba ceder ni un milímetro, Alexis entró en pánico. Por primera vez, tuvo la sensación de que la estaba perdiendo para siempre. Desesperado, se dirigió a Roberto para suplicarle:
—Señor, en serio amo a Vanessa. Se lo ruego, ayúdemea convencerla para que me dé una última oportunidad.
El abuelo Roberto, sentado en la cabecera de la sala, golpeó el suelo con su bastón.
—Tú sabes cómo trataste a mi Vane durante estos cinco años. Alguien como tú, que no sabe valorar lo que tiene, no la merece. Mi nieta es el tesoro más valioso de esta familia. Es nuestra adoración.
Yo jamás me he atrevido a levantarle la voz, ¿y tú?
¿Cómo te atreviste a tratarla como si fuera tu sirvienta?

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