Capítulo 22 ¡Tras!
El vaso se hizo añicos contra el suelo. Natalia cayó sentada, cubriéndose la frente con angustia mientras la sangre brotaba entre sus dedos y goteaba sobre la loseta.
—¡Estás loca! —gritó, alzando la mirada con furia.
Sus facciones, antes delicadas, lucían ahora desencajadas y manchadas de rojo.
Vanessa bajó de la cama y se acercó para observarla con una actitud indiferente.
—Después de todo lo que me has hecho estos años, deberías agradecer que no te maté.
Su mirada desprendía un odio que hizo que la otra retrocediera por instinto.
Natalia respiraba con dificultad debido al dolor, volviéndose cada vez más errática.
—¡No sé de qué hablas! Si Alexis se entera de que me lastimaste, no te lo va a perdonar. ¡Olvida que se van a casar por lo civil!
Con una postura imponente, la joven se rio con
—No es que él no quiera casarse conmigo, es que yo ya no lo quiero.
—Eres una maldita... —Natalia estaba tan alterada que su pecho subía y bajaba bruscamente, sin poder decir nada más.
En ese momento, la puerta de la habitación se abrió, Alexis entró luciendo un costoso traje azul grisáceo; al percibir el olor metálico en el aire y ver el estado de su protegida, se quedó pasmado.
—Qué bueno que llegaste. —balbuceó Natalia al verlo. Su mirada de rencor se transformó en una actitud de vulnerabilidad, rompiendo en llanto.
—¿Qué pasó aquí? —Él se puso de rodillas rápidamente para revisar la herida.
Entre sollozos, ella respondió:
—No es culpa de Vanessa, fue un error mío. Me pidió que me arrodillara y debí hacerlo; no debí llevarle la contraria.
"Vaya que es astuta", pensó Vanessa con sarcasmo.
Sin dejarse intimidar, la heredera de los León confrontó la situación.
—Viniste personalmente a decirme que Alexis se divorciaría de mí apenas nos casáramos para que yo me rindiera, ¿no es cierto?
Con las lágrimas aún en las mejillas, la otra respondió con voz quebrada:
—Yo no dije eso...
Vanessa perdió el equilibrio, retrocedió unos pasos y cayó sobre la cama del hospital. Por fortuna, las mantas amortiguaron el golpe y no se lastimó, aunque el movimiento brusco le lastimó la vieja herida de la espalda, provocando que se le humedecieran los ojos por el dolor.
Alexis se quedó estático un segundo y amagó con ayudarla, pero retiró la mano enseguida. Luego, con un tono de mando, sentenció:
—Tú tuviste la culpa de esto. Pídele perdón a Natalia y mañana iremos al registro civil como quedamos.
¡Zas!
Vanessa se levantó de la cama y, con un movimiento rápido del brazo, le cruzó la cara de una cachetada.
—i¿Qué diablos te pasa?! —gritó él, sorprendido—.
¡¿Cómo te atreves a golpearme?!
—Te pego porque te lo mereces, ¿o necesito pedirte permiso? —Lo encaró ella.
Su mirada era cortante, lejos de la actitud sumisa que solía tener.
—i¿Ya no quieres que nos casemos?! —amenazó él.
—¿Casarnos? ¿Estás idiota? Juré que jamás estaría contigo —respondió ella con determinación, apretando los puños con fuerza.

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