Capítulo 27 Vanessa sintió que su mundo giró con esas palabras, y por poco se dejó llevar de nuevo por sus pensamientos.
Después de todo, esa era la forma de ser de Rafael.
Siempre había sido implacable para resolver las cosas; parecía que no existía un problema en el mundo que él no pudiera solucionar.
Antes era alguien de pocas palabras, y cuando hablaba, sus comentarios solían ser bastante hirientes.
En este reencuentro, sin embargo, se mostraba atento y tranquilo, con una calma que casi hacía que ella olvidara cómo era antes.
—Está bien. —Asintió mientras despejaba su mente.
—Mañana te acompaño —dijo él con una voz profunda que le transmitía mucha seguridad.
Pensó que sería bueno contar con su presencia, así que volvió a asentir y aceptó.
Al día siguiente, cerca del mediodía, ambos llegaron a la residencia de los Cisneros.
Don Manuel, el mayordomo, se sorprendió al verlos llegar juntos.
Sin embargo, no se permitió ninguna distracción y se acercó a saludarlos con respeto.
—Bienvenidos.
Vanessa le devolvió el gesto.
—¿Dónde está el abuelo?
—El señor Antonio está en el estudio; me pidió que en cuanto llegara, fuera a buscarlo.
Tras agradecerle, ella miró de reojo a Rafael y se dirigió rápidamente hacia allá.
Don Manuel se quedó observándolo con una sonrisa amable.
—No esperaba verlo hoy por aquí, señor.
Hacía apenas unos días que el patriarca se había enterado de su regreso al país y moría por verlo, pero el nieto siempre encontraba alguna excusa para posponer la visita.
Quién diría que ese día decidiría volver por iniciativa propia.
Lo más extraño era que Alexis, quien si debía estar ahí, todavía no aparecía.
***
Vanessa tocó a la puerta del estudio y escuchó una voz desde el interior:
—Adelante.
Al entrar, caminó hasta el escritorio y saludó en voz baja.
—Hola, abuelo.
Antonio se iluminó al verla.
—¡Qué bueno que llegaste! Ven, mira, te tengo preparado tu regalo de cumpleaños y también el de bodas.
Se quedó esperando el regaño, con la cabeza agachada.
Tras un largo silencio, el abuelo se rio de forma estrepitosa.
—¡No me lo vas a creer! Me imaginé que pasaría...
Vanessa lo miró confundida. ¿A qué se refería?
¿Cómo era posible que no estuviera enojado?
Antonio sacudió la cabeza mientras sonreía y le dio unas palmaditas afectuosas en el hombro.
—Son cosas del destino, niña.
La confusión de la joven solo aumentó.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Mira, en realidad, hace muchos años tu abuelo y yo queríamos que tú y Rafael estuvieran comprometidos desde niños. Pero su padre pensó que la diferencia de edad era demasiada y al final decidimos no concretar nada. En su momento me dio mucha lástima, pero quién iba a decir que después terminarías siendo novia de Alexis.
Lejos de estar molesto, su risa se volvió más alegre.
—Ya ves cómo da vueltas la vida, terminaste con Rafael después de todo. Es el destino, tenía que pasar...
Vanessa se quedó sin palabras. Jamás se habría imaginado algo así.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)