Capítulo 58 Vanessa sentía las mejillas ardiendo, como si la hubieran metido a cocinar en una vaporera. Rafael estaba pegado a ella y ese calor abrasador casi la consumía.
Vanessa sentía que iba aperder la cabeza con esa sensación, así que lo apartó con fuerza y dijo apresurada:
—Voy a bañarme.
La puerta del baño se cerró tras ella.
Rafael la observó huir despavorida y se rio un poco.
Vanessa pasó un buen rato bajo el agua hasta que logró que esa temperatura sofocante disminuyera.
No podía creer que lo de aquella noche hubiera sido solo un malentendido. De pronto, sintió curiosidad por esa tal Verónica. Todos decían que Rafael era un hombre indiferente con las mujeres, ya fuera en el amor o en la amistad. En todos estos años no había protagonizado ni un solo escándalo y no se le conocía ninguna mujer cercana. Alguien a quien Rafael considerara una amiga debía ser, sin duda, una persona excepcional.
Pasó una hora antes de que Vanessa saliera del baño.
Rafael ya no estaba en la habitación.
Al bajar, Juana le informó que él se encontraba en el despacho y aprovechó para hablar bien de él.
—El señor nunca ha tenido novia, así que tal vez no sepa muy bien cómo tratar a una mujer. No se preocupe, señora. —Le pidió la mujer.
Era obvio que Juana había malinterpretado la discusión que tuvieron hace un momento en la planta baja.
Vanessa bromeó un poco:
—No se preocupe, Juana. A lo mucho me tomaré un té helado para que se me baje el coraje.
A Juana le encantaba lo sencilla que era Vanessa.
Al verla, se convencía cada vez más de que las personas de buena cuna, hermosas y elegantes, solían tener también el mejor carácter y educación.
Vanessa se sirvió un vaso de agua y se sentó en la sala a seguir escribiendo su guion. Como en la mansión de la Sierra solo estaba el despacho de Rafael, ella solía trabajar en la mesa del primer piso. Ese día la inspiración fluía y, sin darse cuenta, trabajó durante tres horas seguidas.
Entonces, su celular comenzó a sonar; era una İlamada de Fernanda.
Tras la llamada, Vanessa se quedó mirando el guion en su computadora, sumida en sus pensamientos. Estaba tan absorta que no se percató de que alguien la observaba desde no muy lejos. Rafael estaba de pie junto a las escaleras y Ilevaba un buen rato mirándola. Se acercó a ella y dio unos golpecitos en la mesa.
—¿En qué piensas con tanta seriedad? —le preguntó.
Vanessa reaccionó al sonido, levantó la mirada hacia él y negó rápidamente con la cabeza.
—En nada, solo cosas del guion.
Sus ojos, que solían ser claros y brillantes, lucían apagados, como si una nube cubriera la luna; se veía muy preocupada. Rafael arrugó la frente casi imperceptiblemente, pero no insistió.
A los pocos días, la empresa publicó un comunicado oficial confirmando la noticia. Al leer el contenido, a Vanessa se le dio un vuelco el corazón. En ese momento, entró una llamada de Fernanda.
—Vanessa, ¿ya viste el comunicado? ¡Van a empezar a filmar en unos cuantos días!
—Lo vi —respondió Vanessa con voz apagada.
—¡Qué poca vergüenza tienen! —exclamó Fernanda con indignación—. Si pensaban filmar ese, al menos debieron esperar a que entregaras tu guion para avisarte. ¡Son unos descarados!

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