Bianca llevaba varios días sin ver a Vanessa. Como por fin habían podido salir de compras juntas, estaba más animada que nunca.
Quería comprarle a Vanessa todo lo que veían. Gastaba sin reparos y la consentía como si fuera su hermana mayor.
—Ya tengo tantos bolsos en casa que podría venderlos al por mayor... —Vanessa se negaba rotundamente; no quería que Bianca gastara tanto en ella.
Pero a Bianca no le importaba ese dinero. Solo quería llenarla de regalos.
—Cuando ya no los quieras, abre una tienda de artículos de lujo de segunda mano y véndelos todos.
—En serio no los quiero. Ni siquiera alcanzaría a usarlos todos. Si quieres comprar uno, quédatelo tú.
—Compremos el mismo modelo en dos colores. Yo usaré el naranja y tú, el negro.
Bianca no le dio oportunidad de negarse y obligó a la empleada a cobrarlos. Ella se alegró muchísimo. Ganaría una buena comisión con esa venta. Sin embargo, regresó cabizbaja poco después y se disculpó. Alguien había comprado los dos modelos un minuto antes.
Bianca se molestó.
—Yo los elegí primero. ¿Quién los compró?
Vanessa podía renunciar a ellos, pero lo sucedido era muy extraño. La joven empleada bajó la cabeza, temerosa de dar más explicaciones, y balbuceó:
—Disculpen, señoritas. No sabía que esos modelos ya estaban reservados. ¿Por qué no miran otros?
Era la más afectada de todas, pues acababa de perder una excelente comisión. Pero quien compró los bolsos era una clienta habitual de la encargada. Una simple empleada como ella no tenía ni voz ni voto. Además, la joven era adinerada y estaba junto a la caja.
Bianca no estaba dispuesta a dejarlo pasar. Aquello no tenía sentido.
—Si en serio estaban reservados, debieron retirarlos en vez de dejarlos en exhibición.
—¿Bianca?
Andrea salió del interior de la tienda y miró sorprendida a Bianca y Vanessa. La encargada la seguía con dos bolsas grandes de papel que contenían los bolsos que ellas habían elegido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)