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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 94

Capítulo 94 ¡BAM!

La puerta de la habitación se abrió tras una fuerte patada. El estruendo fue tan grande que terminó por ahogar la débil voz de Vanessa.

Alexis no alcanzó a escuchar lo que ella decía. Se quedó paralizado por el ruido y giró la cabeza para ver qué pasaba. 1 —¡¿Quién carajos es?!

Estaba furioso, sobre todo porque el susto casi hace que se le cortara el momento.

De pronto, una silueta se acercó a toda velocidad. El sujeto lo agarró del cabello, lo tiró de la cama y le dio una patada en el abdomen.

—¡Alexis, te voy a matar!

La mirada de Rafael era sombría y furiosa.

Alexis se encogió en el suelo mientras se presionaba el estómago, dejando escapar unos gritos de dolor tan desgarradores que Ricardo y los demás que estaban afuera ni siquiera se atrevieron a asomarse.

Al ver a Vanessa en ese estado tan lamentable sobre la cama, las pupilas de Rafael se contrajeron.

Rápidamente tomó la sábana y la cubrió.

Se inclinó hacia ella, pero antes de que pudiera tocarla, ella empezó a gritar y a defenderse muerta de miedo.

—¡No! ¡No me toques! ¡Aléjate!

Vanessa estaba perdiendo el conocimiento otra vez.

Lloraba desconsolada y estaba empapada de lágrimas, suplicando sin parar que no le pusieran una mano encima.

Rafael se detuvo. Con el ceño arrugado por la angustia, le dio unas palmaditas suaves en el hombro para intentar calmarla.

—Soy yo, Vanessa. Ya pasó, tranquila.

Al reconocer su voz, ella comenzó a relajarse poco a poco. Tenía la cara marcada por el llanto y se veía destrozada e indefensa.

Rafael siguió dándole palmaditas de consuelo hasta que sus nervios se calmaron un poco, pero el efecto de la droga ya se estaba extendiendo por todo su cuerpo. Tenía la piel roja y quemaba de fiebre; la situación era crítica.

—Rafael... ¿qué... qué haces aquí? —preguntó Alexis mientras se levantaba con dificultad, sosteniéndose el abdomen.

Rafael lo miró de reojo y le dio un puñetazo con todas sus fuerzas.

—jAlexis! i¿Cómo te atreviste?!

Al ver cómo estaba Vanessa, no quería ni imaginar qué habría pasado si llegaba un minuto más tarde.

Pero antes de que su puño rozara a Rafael, este lo atrapó con facilidad y le torció el brazo hacia atrás.

Alexis soltó un alarido.

Rafael le aplastó la cabeza contra la pared, dejando la mitad de su cara pegada a la superficie. Con el brazo inmovilizado y bajo presión, sentía que se le iba a romper el hombro; ya no tenía ninguna oportunidad de pelear.

—¡Duele, duele! ¡Ya suéltame!

Alexis golpeaba la pared con la mano libre en señal de rendición. Como no traía nada de ropa puesta, se veía ridículo y patético.

A Rafael se le marcaron las venas en la frente de la pura tensión.

—Si tanto te duele, entonces no habrías olvidado lo que te advertí —sentenció con voz cortante.

Alexis seguía sin entender. Trató de mirarlo de reojo como pudo.

—Solo fue una pelea con Vanessa. Ella se puso de terca con lo de cancelar el compromiso, pero yo también tengo derecho a negarme. ¿Qué hice mal?

—¿Y por eso la drogaste?

Alexis quedó mudo por la sorpresa. No podía creer que Rafael se hubiera enterado de eso.

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