Mientras Silvestre canalizaba su energía interna, un fuerte viento comenzó a soplar en la sala. Con una rotación rápida de su palma, Jaime liberó un haz de luz dorada que retuvo a Silvestre en su lugar. Con su cuerpo inmovilizado por completo por el haz, el aura alrededor de Silvestre se desvaneció sin dejar rastro.
La presión del haz era tan intensa, que sentía como si lo estuvieran aplastando entre dos autos. Silvestre apretó sus dientes, mientras trataba de hacer su mejor esfuerzo por resistir, pero no pasó mucho tiempo, antes de que comenzara a sangrar de todos sus orificios, mientras su cuerpo comenzó a retorcerse.
¡Bum!
Con un ruido ensordecedor, todo el cuerpo de Silvestre explotó como un globo que hubiera sido reventado. Todos los miembros de la Familia Contreras estaban tan horrorizados que huyeron del lugar, dejando a los miembros de alto rango de la Familia Benítez atrás.
—Señor Benítez, ahora que los hermanos Contreras están muertos, espero que se haga cargo de los negocios de su familia tan rápido como le sea posible —dijo Jaime.
Después de salir de su aturdimiento, Samuel, con rapidez, asintió y le contestó:
—Téngalo por seguro.
—De ahora en adelante, la Familia Benítez será mi portavoz en la industria de los negocios. Haré el anuncio oficial de esto muy pronto. Si tiene alguna pregunta, por favor, hágala ahora. Las consecuencias serán mucho más duras si espera hasta después del anuncio.
»Señor Benítez tengo que dejar mi postura muy clara desde el principio, si quiero enfrentarme a la Alianza de Guerreros. ¡No puedo arriesgarme a que me sucedan esta clase de traiciones, durante los momentos críticos!
—No tengo preguntas, Señor Casas. ¡Es un gran honor para nuestra familia el trabajar para usted! —le contestó Samuel de buena gana.
Samuel fue testigo del desarrollo de Jaime en los últimos meses, él había visto como pasó de un don nadie a alguien lo suficiente poderoso como para desafiar a la Alianza de Guerreros.
Jaime asintió satisfecho, antes de dirigir su mirada hacia los miembros de alto rango de la Familia Benítez, haciendo que ellos cayeran de rodillas del miedo. Ramiro tenía lágrimas en sus ojos, mientras le rogaba a Samuel:
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