—¿Por qué dices esas tonterías entonces? —Arrugó la frente, mostrando su frustración.
—Aunque no puedo rescatar a tu novia, puedo hacer que la veas. ¿Deseas verla? —dijo mientras levantaba las cejas.
—¿Cuál es el precio? —preguntó sin rodeos, pues creía que pediría algo a cambio.
Sin embargo, si Saulo codiciaba Lejanía y el Anillo Almacenador, Jaime lo rechazaría sin dudarlo.
—Bueno, tienes que ir a la Isla del Dragón con nosotros a cambio…
Jaime se quedó perplejo al escucharlo, pues nunca esperó que Saulo se lo pidiera.
—¿Isla del Dragón? —Con incredulidad en el rostro, preguntó—: ¿Por qué iríamos allí ahora? Quiero decir que no es el momento adecuado.
Ya habían pasado los días en que los dos dragones emergieron en la Isla del Dragón. Además, Jaime había eliminado al Dragón de Hielo y extraído su esencia draconiana. Por ello, no podía entender por qué pretendía dirigirse allí.
—Deja de hacer tantas preguntas. Solo dime si estás de acuerdo o no —dijo con la mirada fija.
—¿Cómo puedo confiar en que no me harás daño cuando lleguemos a la Isla del Dragón? Teniendo en cuenta tu fuerza ahora, no tendré ninguna posibilidad de escapar...
Al fin y al cabo, Jaime solo no podía luchar contra tres hábiles luchadores a la vez, incluyendo un Gran Maestro Superior de Máximo Nivel, un Gran Maestro de Artes Marciales Nivel Ocho, y el Barón del noroeste, que era al menos un Gran Maestro de Artes Marciales Nivel Siete.
—No te preocupes. Solo el Señor Guillén y yo iremos contigo. Si te hiciéramos daño en la isla, puede que no seas rival para nosotros, pero seguro que puedes salir ileso. —Le dedicó una leve sonrisa.
Después de pensarlo un poco, Jaime apretó los dientes y dijo:
—Está bien. Estoy de acuerdo. ¿Cuándo me llevarás a ver a mi novia?
—Ja, ja, ja, cuando quieras. —se rio.
Mirando a Saulo, Jaime no pudo evitar preguntarse cómo podría llevarlo al calabozo.
Justo en ese momento, Saulo sacó con calma un brazalete metálico de su bolsillo. Estaba oxidado y parecía algo que había encontrado en una antigua tumba. Después de recitar un cántico, Saulo lanzó el brazalete al aire. De repente, el brazalete se expandió en el aire y formó una entrada negra como el carbón.
Jaime no podía creer lo que veían sus ojos.
—¿Qué es eso?
—Es el Necroanillo. La leyenda dice que solía ser el tesoro de una deidad. Puede teletransportarte a cualquier lugar al que quieras ir. Sin embargo, como ahora está dañado, ¡solo puede teletransportarte a cualquier punto en un radio de cien metros! —explicó.
—¿Cien metros? —Jaime no pudo evitar soltar un suspiro de alivio.
La función de teletransportar a alguien en un radio de cien metros era notable, pero la distancia era demasiado corta.

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