Una vez dentro del hermoso hotel, el taxista se dispuso a dejar el equipaje de la joven pareja en su habitación; si bien, Jaime se disponía a entregarle una pequeña suma de dinero, en agradecimiento por su ayuda, el hombre maduro rechazó el gesto, al tiempo que salía a toda velocidad del lugar. Tan solo un momento después y tras colocar el delicado cuerpo inerte de Isabel sobre la cama, Jaime miró por la ventana para asegurarse de que estuvieran a salvo; entonces, para su sorpresa, vislumbró el BMW al otro lado de la calle, por lo que el apuesto hombre decidió salir para confrontarlos.
Tan pronto cruzó el umbral de entrada, comenzó a caminar en dirección de un angosto callejón; al advertir su presencia, el par de musculosos hombres se apresuró a seguirlo. Sin embargo, pronto se encontraron a solas, pues Jaime había desaparecido en un abrir y cerrar de ojos.
—¡Si no logramos encontrarlo, el Señor Guillén desatará toda su furia en nuestra contra!
Mientras analizaban la confusa situación, no pudieron evitar sobresaltarse el escuchar la hermosa voz de Jaime al comentar, sin mostrar ninguna emoción:
—Debo confesar que no logro comprender el motivo de sus acciones; tan solo he venido de visita, en búsqueda de un remedio para el malestar de la mujer que amo, así que no pretendo importunar a nadie. —Entonces, la delgada figura apareció entre las sombras; ante la inesperada escena que se suscitaba frente a sus ojos, uno de los hombres espetó, con voz llena de desdén:
—¡No diga tonterías! ¡Es increíble que piense que nos molestaríamos en seguir a un simple hombre como usted! —Al terminar de emitir esas palabras, el par se disponía a marcharse del lugar; no obstante, Jaime no tardó en interponerse en su camino, antes de continuar en tono severo:
—Les advierto que no intenten engañarme; es evidente que han venido a espiarme. Me pregunto si Calixto Guillén les ordenó que vigilaran cada uno de mis pasos…
En ese momento, se escuchó la voz de un hombre al rugir, furioso:
—¡No puedo creer que se atreva a amenazarnos! Le sugiero que se aparte ahora mismo; ¡de lo contrario, tendremos que enseñarle una lección, pues no permitiremos ningún tipo de ofensas!
A pesar de las contundentes palabras, Jaime se limitó a permanecer inmóvil, al tiempo que esbozaba una pequeña sonrisa; de pronto, antes de que alguno pudiera reaccionar, el hombre que había osado a emitir aquellas palabras sintió un intenso dolor en el rostro al impactar un fuerte golpe y mientras intentaba recuperar la compostura, no pudo evitar pensar, aturdido:

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