De inmediato, los hombres se pusieron de pie para abandonar ese lugar a toda velocidad; una vez que pudieron ocultarse en un lugar seguro, uno de los musculosos hombres tomó su móvil para informar acerca de las desconcertantes noticias; no obstante, antes de que pudiera continuar, ambos sintieron un intenso dolor en el estómago, al tiempo que un chorro de sangre comenzaba a emanar de los orificios en sus narices. Tan solo un momento después, un sonido seco se escuchó al caer sus inertes cuerpos al suelo, pues no habrían sobrevivido al devastador impacto de la energía de Jaime.
Al caer la noche, Jaime decidió visitar a Calixto cuanto antes para resolver la duda que le aquejaba, pues solo así, podría salvar la vida de Isabel.
…
Tras llegar a su destino, no pudo evitar sentirse abrumado ante el espectacular panorama frente a sus ojos; si bien Ciudad Zen se encontraba sumida en la pobreza, era imposible ignorar la lujosa mansión que resplandecía sobre aquella colina, pues la propiedad no solo cubría más de sesenta hectáreas, sino que alojaba numerosas viviendas. Entonces, vislumbró una colosal reja con titánicas estatuas de leones a cada lado; tras una breve pausa, el apuesto hombre se limitó a pensar:
«No solo tendré que hallar una manera de escalar esta imponente barrera, sino que debo esquivar al numeroso equipo de seguridad que resguarda el lugar…».
…
Al mismo tiempo, al interior de la Mansión Guillén, Calixto parecía intranquilo en la sala de estar; desde su regreso de Isla del Dragón, el hombre no había tenido ni un solo instante de paz, pues temía que Jaime decidiera vengarse. De hecho, en los últimos días ni siquiera habría podido conciliar el sueño, ante la posibilidad de una batalla; entonces, escuchó la inesperada voz de un hombre al hablar en tono tranquilo:
—Señor Guillén, intente descansar; le aseguro que no debe preocuparse por nada, pues envié a mis hombres al aeropuerto, la estación de tren y cualquier entada a la ciudad, así que sabremos de inmediato acerca de la presencia de cualquier intruso; además, en caso de que confirmemos la identidad de ese hombre como un Gran Maestro de las Artes Marciales, no tardaremos en sentir su Energía Espiritual.
A pesar de sus reconfortantes palabras, el semblante de Calixto lucía lleno de preocupación, antes de añadir:
—Joshua, debo admitir que me preocupa cualquier visita inesperada; después de todo, no debemos subestimar a nuestros enemigos.
Al escucharlo, Joshua se apresuró a responder en tono despreocupado:
—Señor Guillén, los guardias son guerreros muy poderosos, así que, aunque intente atacarnos, lograremos vencerlo, pues dudo que salga victorioso ante un pequeño batallón.

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