Entonces, Joshua se percató del caos que se había desatado al escuchar el tumulto proveniente del exterior, donde pudo vislumbrar un círculo de guerreros con una figura al centro; la luz resplandeciente que emanaba de cada Gran Maestro de las Artes Marciales no tardó en convertir la noche en día. Entonces Jaime se limitó a observar con detalle a cada uno de sus oponentes y en ese momento, se escuchó el estrepitoso ruido de la puerta de entrada al abrirse de un fuerte golpe. De inmediato, el joven reconoció a Joshua junto al umbral de la puerta, quien no tardó en aseverar en tono enérgico:
—¡Le ordeno que me diga su nombre!
—Al parecer, no funcionó el mensaje que le entregué a sus hombres tan solo hace un momento, pues como dije, el motivo de mi visita se debe a que deseo charlar con Calixto; es todo, así que no deben actuar de manera precipitada. Mi nombre es Jaime Casas; el Señor Guillén me conoce a la perfección —respondió el apuesto hombre, ecuánime.
Al descubrir la verdadera identidad del intruso, el semblante de Joshua se endureció por completo, mientras recapacitaba:
«Debo admitir que nunca me hubiera imaginado que no solo se cumplirían las sospechas del Señor Guillén, sino que este hombre se atrevería a irrumpir en su propio hogar».
Ante esa inquietante idea, Joshua prosiguió a anunciar en tono serio:
—El Señor Guillén no se encuentra en la mansión en estos momentos, así que me temo que no podré ayudarlo.
A pesar de su respuesta, un estallido hizo volar al resto de los guerreros por los aires, pues Jaime había liberado una explosión de energía; al percatarse de la delicada situación, Joshua gritó en un chirrido lleno de desesperación:
—¡Deténganlo!
De inmediato, el grupo de guerreros se abalanzaron en contra del joven y entonces, mientras los observaba, Joshua meditó, engreído:
«Estoy seguro de que Jaime no soportará un ataque conjunto de todos esos poderosos guerreros…».
Por desgracia, pronto descubriría que sus esfuerzos serían en vano, pues en un abrir y cerrar de ojos, Jaime logró detenerlos de un solo golpe; en ese momento y ante la violenta escena que se suscitaba frente a sus ojos, Joshua se disponía a huir, pues los cuerpos de todos los Grandes Maestros de las Artes Marciales yacían inertes en el suelo. No obstante, Jaime fue capaz de frustrar sus planes al interponerse en su camino; una vez frente a frente, alzó la mano para tomarlo con fuerza del cuello de la camisa, al tiempo que su voz resonaba en tono amenazador:
—¡¿Dónde está Calixto?!
Al percatarse de su delicada situación, Joshua respondió en un chirrido lleno terror, al tiempo que enormes gotas de sudor le cubrían el rostro:

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