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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1089

Al escucharlo, Calixto dejó escapar una pequeña carcajada, al tiempo que añadía:

—¡Señor Casas, el deterioro en el estado de salud de la mujer que ama se debe a un hechizo, no un veneno!

Ante la impactante revelación, Jaime suspiró, aliviado, mientras reflexionaba:

«Ahora entiendo por qué Álvaro no fue capaz de encontrar un antídoto, pues estuvimos equivocados desde un principio…».

Después de observarlo durante un momento, Calixto prosiguió a explicar en tono alegre:

—Para romper el hechizo, solo necesitamos reunirnos con la chica, pues debo recitar unas palabras; de esa manera, le prometo que despertará en un abrir y cerrar de ojos.

—De acuerdo, debe acompañarme al hotel de la Familia Guillén, pero le advierto que, si intenta engañarme, no dudaré en acabar con su vida al instante. —Su voz resonó llena de frialdad, al tiempo que posaba una intensa mirada en el rostro del hombre a su lado; entonces, Calixto se limitó a esbozar una pequeña sonrisa y justo cuando se disponían a salir, miró a Joshua, al tiempo que hacía un pequeño gesto con la cabeza.

Al arribar al hotel, ambos cruzaron el umbral para ingresar al hermoso vestíbulo, dónde para sorpresa de Jaime, Calixto tomó asiento en uno de los suaves sofás de cuero y decidió ordenar una taza de café. Ante la curiosa escena que se suscitaba frente a sus ojos, Jaime dijo en un chirrido lleno de desesperación:

—¡Calixto, debemos apresurarnos!

Entonces, el hombre esbozó una pequeña sonrisa llena de maldad, antes de explicar en tono juguetón:

—De acuerdo, pero primero debo asegurarme de que Isabel se encuentre bien.

Al escuchar esa respuesta, una enorme sonrisa triunfante cubrió el rostro de Calixto al responder en tono suave:

—Claro, regresaremos a la mansión de inmediato. —Al terminar de emitir esas palabras, se puso de pie para partir a toda velocidad a su vivienda.

De vuelta en la lujosa Mansión Guillén, ambos descendieron del hermoso vehículo y tras una breve pausa, avanzaron hacia una remota construcción antigua al otro extremo de la propiedad; al vislumbrar la estructura milenaria, Jaime no pudo evitar sentir el corazón acelerársele, pues una extraña energía provenía de su interior. El hombre parecía absorto en sus pensamientos, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al escuchar a Calixto murmurar unas palabras de manera ininteligible frente a la entrada. De inmediato, se escuchó un estruendoso sonido al abrirse la colosal puerta dorada, por lo que los hombres se apresuraron a ingresar de inmediato; una vez en el interior, Jaime pudo vislumbrar una enorme habitación repleta de resplandecientes ornamentos y estatuas de oro. De inmediato, tan pronto se cerró la puerta, el apuesto hombre sintió cómo la Energía Espiritual abandonaba su cuerpo, por lo que pronto descubrió que sería imposible emitir un campo energético para protegerse.

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