A medida que ambos hombres caminaban, Jaime se limitó a observar a Saulo en silencio y tan solo un momento después, se detuvieron frente a un pequeño edificio antiguo, dónde Saulo se apresuró a sacar unas llaves para abrir la puerta; tan pronto cruzó el umbral de entrada, colocó su mano sobre una pared que reveló un pasadizo secreto, donde se encontraban numerosos objetos. Una vez dentro de la enorme habitación, Jaime supo que se trataba del tesoro de Demetrio, la cabeza de la Familia Noguera y padre de Saulo.
Mientras ambos permanecían en silencio, Saulo se acercó a un objeto en particular: un platillo sobre uno de los muros; al tomarlo entre sus manos, el hombre no pudo evitar meditar:
«Estoy seguro de que Jaime no sospecha nada acerca del arma secreta de la Familia Noguera…».
Ante esa idea, esbozó una sonrisa, al tiempo que posaba una intensa mirada sobre el hermoso objeto entre sus manos; según la leyenda, ese platillo solía pertenecerle al Marqués de las Artes Marciales de Máximo Nivel, quien, aunque dedicó su vida a perfeccionar sus habilidades, murió sin poder alcanzar su objetivo. Por ello, antes de su muerte, utilizó su último aliento para verter su esencia en el objeto; desde que Demetrio había logrado apodarse de la mágica pieza, la reputación de la Familia Noguera alcanzó niveles descomunales, ya que los rumores de su nueva adquisición no tardaron en llegar a oídos de todos en la ciudad. En consecuencia, nadie se atrevía a ofenderlos.
Saulo sabía a la perfección que, con ayuda del poder de la mítica arma, lograría vencer a Jaime de una vez por todas, pues era capaz de eliminar a todos los artistas de las artes marciales en Ciudad Jade; no obstante, al igual que todas las historias legendarias, el uso del platillo conllevaba un gran precio, pues solo podría utilizarse una vez. Entonces, el hombre dejó escapar un estrepitoso suspiro, resignado, al tiempo que sostenía la pieza contra su pecho; mientras continuaba absorto en sus pensamientos, no pudo evitar sobresaltarse al escuchar a Jaime indagar, sin mostrar ninguna emoción:
—Bueno, espero que hayas encontrado las llaves.
Ante sus palabras, Saulo esbozó una pequeña sonrisa, antes de responder:
—Así es. —Al terminar de emitir esas palabras, alzó los brazos y de inmediato, una titánica onda energética inundó el lugar, al tiempo que hacía retumbar el suelo; al escuchar aquel tumulto, los guerreros se apresuraron de vuelta al lugar. Tan pronto advirtieron la situación, un hombre exclamó:
—¡Nunca pensé que llegaría a ver el tesoro de la Familia Noguera con mis propios ojos! ¡Es evidente que las leyendas son ciertas, pues jamás había sentido un aura tan poderosa!
Antes de que pudiera continuar, se escuchó otra voz al añadir, entusiasmado:
Entonces, un intenso resplandor cubrió su cuerpo con el Poder de los Dragones; el joven parecía absorto en sus pensamientos, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al escuchar la voz de Saulo comentar, ecuánime:
—Jaime, te haré una oferta que no podrás rechazar; solo tienes que entregarme los objetos mágicos y te aseguro que te perdonaré la vida. —Al emitir esas palabras, su semblante se suavizó, antes de continuar—: Después de todo, soy un hombre sensato, por lo que sería una lástima que el mundo de las artes marciales perdiera a alguien tan talentoso… —Mientras aguardaba una respuesta, no pudo evitar reflexionar:
«En realidad, no me importa que Jaime sobreviva, pero temo que el poder del Marqués de las Artes Marciales de Máximo Nivel destruya los preciados objetos mágicos que posee… En especial, la Torre Pentacarna, cuyas propiedades me permitirán perfeccionar mis habilidades de cultivación de energía; después de todo, Jaime pudo sanar sus heridas en tan poco tiempo, gracias a ese extraordinario objeto mágico, así que mis poderes podrían alcanzar niveles inimaginables».
El hombre parecía absorto en sus pensamientos, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al escuchar a Jaime exclamar, furioso:
—¡Jamás! —Su voz resonó llena de desdén, antes de continuar—: ¡Jamás me rendiré! —Al terminar de emitir esas palabras, se abalanzó en contra de su enemigo.

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