Jaime se quedó estupefacto.
—¿De verdad uno puede llegar a ser inmortal y no morir nunca?
Fernando rio al ver la expresión de Jaime.
—Los plebeyos creen que los inmortales nunca mueren, pero eso es una tontería. Los inmortales también mueren. ¿Cómo podrían vivir para siempre? Es que los inmortales pueden vivir mucho tiempo. Algunos incluso pueden vivir decenas de miles de años. Nunca he oído hablar de nadie que haya vivido desde el principio de los tiempos. Francamente, nunca he conocido a un inmortal. Sólo he oído hablar de ellos a mis antepasados.
Los ojos de Fernando se llenaron de expectación cuando dijo eso. Parecía que le fascinaba la posibilidad de convertirse en inmortal.
Mientras tanto, Jaime seguía asombrado por lo que acababa de escuchar. De no ser por Fernando, Jaime nunca habría conocido los secretos del reino celestial.
—Señor Gabaldón, ¿qué hay de esos espíritus malignos de la Alianza de Guerreros? Esos cuatro guerreros de la Túnica de Cobre Negro que luchaban contra mí estaban poseídos por espíritus malignos —Jaime estaba perplejo.
«¿Por qué hay tanta gente en el mundo de las artes marciales poseída por espíritus malignos de repente?».
—Esos espíritus malignos son restos de demonios que perecieron. He oído que por aquel entonces hubo una guerra entre los dioses y los demonios. Los demonios fueron casi aniquilados. Dicho esto, ¡algunos de sus espíritus siguen por todas partes hasta el día de hoy! Estos espíritus malignos de repente están poseyendo humanos porque quieren resurgir de las cenizas. Pronto, creo que todo el mundo de las artes marciales se derrumbará, y surgirá un nuevo orden... —La expresión de Fernando se tornó sombría mientras hablaba.
Jaime también se quedó pensativo al escuchar aquello.
«A veces me siento como si viviera en una trampa y siempre hubiera alguien influyendo en todos mis movimientos. Cada vez que hago un movimiento, es como si alguien lo hubiera planeado».
—Papá, la Alianza de Guerreros ha enviado a mucha gente a bloquear todas las carreteras de Ciudad de Jade. Además, he visto a bastantes desconocidos merodeando por el exterior de la residencia Gabaldón. Creo que son de la Alianza de Guerreros. Parece que saben que Jaime sigue en Ciudad de Jade y quieren impedir que se marche —respondió Astrid.
—No te preocupes. No se atreverían a asaltar la residencia de los Gabaldón. Jaime está a salvo aquí —Fernando estaba lleno de confianza.
Sin embargo, Jaime fruncía el ceño porque sabía que no podría quedarse en la residencia Gabaldón para siempre. Su prioridad era rescatar a su madre y a Josefina. Sea como fuere, no podía evitar sentirse impotente después de escuchar lo que Fernando acababa de decirle.
«Con mis fuerzas actuales, no puedo hacer nada en el reino celestial. Diablos, ¡ya me siento tan derrotado después de recibir unos cuantos golpes en el mundo de las artes marciales! La mayoría de los hombres que envía la Alianza de Guerreros son más fuertes que yo. Esta vez, casi muero en la arena de artes marciales gracias a esos cuatro guerreros de la Túnica de Cobre Negro que enviaron. Si esto sigue así, ¿cómo podré rescatar a mi madre y a Josefina?».
—No puedo quedarme en la residencia Gabaldón para siempre, señor Gabaldón. Todavía hay cosas que debo hacer. Le devolveré su amabilidad en el futuro —pronunció Jaime en tono agradecido.

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