Entrar Via

El despertar del Dragón romance Capítulo 295

Cristian se sorprendió un poco. No esperaba que Tomás le hablara en ese tono.

—Puede que seas una bestia poderosa a los ojos de la gente de aquí, ¡pero no eres más que un gusano a los míos! —A continuación, golpeó con la palma de la mano la mesa y la hizo pedazos.

La expresión de todos cambió. Tomás, en particular, frunció el ceño, pues nunca se le había ocurrido que Cristian poseyera esa cantidad de poder.

—Debo encontrar al responsable de lastimar a mi hijo hoy. Todos ustedes tienen cinco minutos para decidir. ¡Entregarlo o morir!

Cuando la última palabra escapó de su boca, la temperatura de la sala bajó con rapidez, haciendo que un escalofrío recorriera la espina dorsal de Gonzalo y de los demás.

—Ya me puse en contacto con el Señor Casas, Señor Serrano. Si no llega para cuando Cristian haga su jugada, corra. Lo bloquearé con mis hombres, ya están todos aquí —le susurró Tomás a Gonzalo.

—Tú… —Gonzalo se exasperó un poco al saber que Jaime estaba en camino—. ¡Será una sentencia de muerte para él si viene aquí! ¡No parece que Cristian vaya a rendirse sin matar a alguien hoy!

—Tranquilo, Señor Serrano —lo reconfortó.

Tenía absoluta confianza en Jaime.

Él seguía comiendo cuando de repente recibió el mensaje de Tomás. Una vez que leyó el mensaje, su furia se disparó.

—Jaime, ¿pasó algo? —Josefina pudo sentir cómo la sed de sangre se filtraba por su cuerpo.

—Estoy bien. Disfruta de la comida. —Se levantó, tomó su abrigo y le ordenó a un empleado—: Vigílala de cerca. No dejes que salga de la casa.

—¡Entendido, Señor Jaime! —respondió con amabilidad.

Jaime sonrió.

Aunque Josefina y él no habían confirmado de forma oficial su relación, en la Residencia Serrano lo trataban como si fuera su novio. Tal vez, por naturaleza, parecían una pareja.

—Jaime… —Una mirada de preocupación apareció en el rostro de Gonzalo al verlo.

—Tranquilo, Señor Serrano. Estaré bien. —Lo miró con gratitud. No esperaba que el hombre mayor arriesgara su vida para protegerlo.

—Señor Casas. —Tanto Arturo como Gael lo saludaron con amabilidad cuando lo vieron.

—Gracias por ayudar, Señor Landero, Señor Gómez —dijo Jaime.

Ambos se mostraron incómodos.

—La verdad es que no hemos ayudado mucho. No nos mostró nada de respeto.

—Me encargaré de esto yo mismo. Se está haciendo tarde, mejor váyanse a descansar. —Una cálida sonrisa se dibujó en su cara.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón