Josefina había tenido una relación bastante buena con la familia de su tía, ya que había vivido en Arboledas desde joven. Sin embargo, tras la muerte de su madre, las dos familias se distanciaron poco a poco.
—Me pregunto cómo estarán mi tía y su familia, y si mis primos están casados. —La preocupación se reflejó en sus ojos—. Debería visitarlos ahora que vamos para allá.
Mirando a Josefina, Jaime sintió que le dolía el corazón. La gente solía suponer que la hija de una familia rica que llevaba una vida cómoda sería feliz todo el tiempo.
Sin embargo, solo él sabía que ella no quería más que el amor de su familia. Había perdido a su madre cuando era una niña y no tenía más hermanos. En su casa solo eran ella y su padre.
Después de salir de Ciudad Higuera, entraron directo en la autopista. Sin saberlo, un auto negro los había estado siguiendo todo el camino.
Nadie en el auto notó nada extraño ya que había muchos vehículos en la carretera.
En ese momento, en la Residencia Velázquez, Cristian estaba fumando con una expresión sombría.
Había gastado una gran cantidad de dinero contratando a médicos de renombre para arreglar la pierna de Teobaldo, incluso a expertos del extranjero. Sin embargo, ninguno de ellos pudo tratarlo. El hueso se había destrozado demasiado, por lo que no había forma de que volviera a unirse. Aunque le hicieran un hueso artificial y lo sustituyeran por el destrozado, Teobaldo seguiría sin poder caminar como antes. Seguiría siendo un lisiado.
—¡No quiero ser un discapacitado! ¡No quiero ser un discapacitado! —Teobaldo gritaba en la cama como un loco.
Había una mujer con un vestido exquisito sentada al lado de la cama. Sollozaba en voz baja mientras consolaba:
Casi todos en Cuenca Veraniega conocían su nombre, pues era un hombre poderoso y despiadado, muy parecido a su padre.
En ese momento, sonó el teléfono de Cristian. Cuando contestó, su subordinado le informó:
—¡Jaime abandonó la ciudad! Se dirige a Arboledas con Josefina y Tomás. ¡Ya están en la carretera!
Los ojos de Cristian brillaron de emoción al escuchar la noticia.
—¡Fantástico! ¡Hazlo ya! ¡Chócalos si es necesario! Tráiganmelos, ¡vivos o muertos! —Por fin pudo desahogar su rabia después de que su mujer lo regañara.

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