Sin embargo, a pesar de sus apremiantes palabras, Antonio se apresuró a argumentar, derrotado:
—Me temo que no es tan fácil, pues, aunque Ezequiel Jaramillo haya dicho que el Ministerio de Justicia se encargaría de la investigación durante estos tres días, hemos escuchado los tumores de que sus hombres vigilan las fronteras para impedir que cualquiera intente abandonar Ciudad Higuera.
Al escucharlo, Josefina comenzó a sentir que enormes lágrimas comenzaron a rodarle por las mejillas; al observarla, Gael y Arturo no pudieron evitar sentirse frustrados al saber que ellos no podrían hacer nada al respecto, pues no podrían hablar con un guerrero tan poderoso como Ezequiel Jaramillo.
De pronto, se escuchó la voz de Jaime al exclamar en tono lleno de emoción:
—No se preocupe, pues lo acompañaré a Cuenca Veraniega.
Entonces, un silencio sepulcral inundó la atmósfera, mientas se limitaban a observarlo en silencio, hasta que se escuchó la suave voz de Josefina al decir:
—¡Jaime, no permitiré que vayas a un lugar tan peligroso! En verdad, no tienes idea de lo peligrosa que es la Familia Jaramillo.
De inmediato, Jaime se disponía a decir algo al respecto; no obstante, Arturo se apresuró a hablar:
—Señor Casas, la Familia Jaramillo es mucho más poderosa que la Familia Velázquez, pues mientras Los Velázquez tan solo se dedicaban a ser empresarios, Los Jaramillo son una familia milenaria de guerreros y especialistas en artes marciales; después de todo, Los Jaramillo ayudaron a Los Velázquez a apoderarse de Cuenca Veraniega. Además, Ezequiel Jaramillo pose el título de Gran Maestro de la Energía Interna, por lo que deberás permanecer aquí si deseas estar a salvo. —Tan pronto terminó de emitir esas palabras, posó sus intensos ojos sobre el bello rostro de aquel hombre, sin embargo, Jaime se limitó a dejar escapar una estrepitosa carcajada.
Ante ese comportamiento, Antonio se apresuró a reprocharle en tono severo:
Después de un momento, Josefina estalló en llanto, por lo que Jaime se apresuró a decir:
—¡Tranquila, te prometo que regresaré en un par de días! Nos volveremos a ver tan pronto que ni sabrás que estuviste sola. —Al terminar de emitir esas palabras, el apuesto hombre colocó su hermosa mano sobre la suave mejilla de su futura esposa.
Tras lograr tranquilizarse un poco, Josefina dijo con voz entrecortada:
—¡Es increíble que decidas ignorarme! Es evidente que no sabes que estás caminando directo a la cueva del lobo, pues si aguardaras un poco, podríamos ya sea vencerlos o lograríamos estar a salvo en Ciudad Higuera; por el contrario, si decides ir a Cuenca Veraniega, no tendrás escapatoria.
A pesar de sus apremiantes palabras, el hombre se limitó a esbozar una enorme sonrisa juguetona, al tiempo que miraba a Isabel.

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