Enseguida, toda la sangre se drenó de la cara de Tomás. Incluso sus subordinados estaban tan asustados que habían retrocedido.
Por otro lado, Liliana ya había huido de la escena con el rabo metido entre las piernas.
—¡Oh no, estamos condenados! —Las mejillas de Óscar se tornaron de un pálido mortal mientras todo el color se drenaba de su rostro. Con voz temblorosa, dijo—: Jaime, este bar cae bajo el territorio del Regimiento Fénix. No tendrán piedad si se enteran de que hiciste semejante alboroto aquí.
Poco después, un hombre de mediana edad con un parche en el ojo salió con un grupo de guardias siguiéndole los talones. La visión de este hombre asustó tanto a Óscar que sus piernas cedieron y se desplomó en una silla cercana. Enseguida, un chorro de líquido amarillo manchó sus pantalones. El estado de terror de Óscar dejó a Jaime por completo sin palabras. «¿Es en verdad el nieto de Arturo?».
—¡Orbe, fue él quien me golpeó primero! —tartamudeó Tomás mientras se dirigía hacia el recién llegado. En un intento de adularlo, Tomás le ofreció un cigarrillo.
—¡Abofetéalo! —A pesar de ello, Orbe no le dedicó a Tomás ni una sola mirada.
A su orden, uno de los guardias agarró a Tomás por el cuello y le dio una bofetada en la cara. Sin parar, el guardia abofeteó a Tomás hasta que su cara se hinchó al doble de su tamaño.
—¿Fuiste tú quien le pegó? —preguntó el hombre de mediana edad a Jaime.
—Sí. —Jaime asintió con la cabeza.
—Abofetéalo tú también —ordenó Orbe. Enseguida, uno de sus hombres se acercó a Jaime con el brazo levantado y listo para golpear.
Sin embargo, antes de que pudiera golpear a Jaime, este agarró la muñeca del guardia.
—¿No vas a aclarar primero la situación antes de golpearme?
Un profundo ceño fruncido adornó la frente de Orbe cuando escuchó la refutación de Jaime.
—En mi territorio, te daré cincuenta bofetadas como castigo antes de pedirte los detalles ¿Intentas ir en contra de mis reglas?
—He escuchado que el Regimiento Fénix se supone que es caballeroso y amable. Después de todo, la propia Fénix fue apodada una santa viviente ¿Es así como tú, como su subordinado, manejas las cosas? —A Jaime le estaba empezando a disgustar el Regimiento Fénix.
Enseguida, los ojos de Orbe se hicieron el doble de grandes. En un ataque de pánico, trató de liberarse del agarre de Jaime. Pero por mucho que lo intentara, no podía escapar.
—Mocoso, ¿eres consciente de las consecuencias de tus actos? —contestó Orbe.
Después de que tantos espectadores fueran testigos de la humillación de Orbe en manos de un joven, no pudo evitar perder los estribos.
—Está claro que fuiste tú quien empezó la pelea ¿Son todos los miembros del Regimiento Fénix tan poco razonables como tú? —preguntó Jaime con una mirada de exasperación.
—¡Vete a la mi*rda! —Enfurecido, Orbe lanzó su otra mano hacia Jaime.
Arrugando las cejas, un aura de sed de sangre irradió de la figura de Jaime cuando percibió el segundo ataque de Orbe. Aunque he intentado ser suave con él, sigue insistiendo en hacer las cosas por las malas.
Antes de que el puño de Orbe lo alcanzara, Jaime le lanzó una patada.

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