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El despertar del Dragón romance Capítulo 360

«¡Bam!».

Una sola patada de Jaime hizo que Orbe saliera disparado varios metros por el aire. Momentos después, Orbe se estrelló por fin contra el suelo con un ruido sordo.

Al ver a Jaime atacar a Orbe, Óscar casi se desmaya del miedo. Estaba tan asustado que los ojos se le pusieron en blanco.

—Mocoso, no puedo creer que hayas tenido el valor de golpear a Orbe. Estás acabado por ahora —exclamó Tomás contento.

Enseguida, la aguda mirada de Jaime se dirigió hacia Tomás, haciendo que este se callara.

Al mismo tiempo, uno de los hombres de Orbe le ayudó a levantarse rápido. Cuando Orbe se incorporó, chorros de sangre se deslizaban por un lado de la boca.

—Despejen este lugar y cierren las puertas —ordenó Orbe mientras miraba a Jaime con un brillo asesino en los ojos.

Enseguida, los guardias sacaron a todo el mundo del bar, incluido Óscar, al que agarraron por el cuello y sacaron de allí. Al poco tiempo, solo quedaban Jaime y algunos de los guardias de seguridad del bar.

Una vez que Óscar estuvo fuera, giró sobre sus talones y se marchó en dirección contraria. «Aunque Jaime es mi cuñado, ¡no quiero que me metan en semejante lío con el Regimiento Fénix!».

Orbe se limpió la sangre mientras avanzaba hacia Jaime.

—Eres la primera persona que se atreve a levantar un dedo contra mí ¿Cómo voy a salvar la reputación del Regimiento Fénix si no acabo con tu vida? —dijo de forma siniestra.

Con un aire de indiferencia, Jaime se limitó a tomar asiento y a dar un sorbo a su vino. No pareció inmutarse lo más mínimo por la amenaza de Orbe.

—Si no fuera por la renombrada reputación del Regimiento Fénix y por el hecho de que tu señora es una heroína, ¿en verdad crees que tendrías la oportunidad de hablar conmigo? —comentó Jaime con desdén.

—¡Incluso a las puertas de la muerte, eres tan arrogante como siempre! —Una expresión de furia cruzó la mirada de Orbe— ¡Mátenlo!

—¿Pensé que me querías muerto? ¿No se cumpliría tu deseo con la llegada de tu señora? —respondió Jaime confundido. «¿Por qué intenta defenderme?».

Nervioso, Orbe desvió la mirada.

—Si la señora viene, puede que no me perdone —admitió en un susurro.

Enseguida, Jaime se dio cuenta. Debía tener miedo del castigo de su señora. Al fin y al cabo, su comportamiento imprudente y arrogante no era el del Regimiento Fénix.

—Te voy a dar dos opciones. O la llamas, o puedes morir ahora mismo —tronó Jaime. No podía molestarse en malgastar su aliento hablando con Orbe por más tiempo.

—¡Vale, vale! La llamaré ahora mismo. —Como la amenaza de Jaime ponía su vida en juego, Orbe optó por la opción que le salvaría el pellejo.

Apresuradamente, Orbe sacó su teléfono y llamó a Fénix.

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