Mientras tanto, en Salinsburgo, Jaime continuaba cultivando en la Residencia de los Salas. Él se estremeció al momento en que el dije de jade de Josefina cobró vida. Por fin, abrió sus ojos por primera vez en tres días.
Jaime frunció el ceño y una expresión de preocupación se dibujó en su rostro. Vio las piedras espirituales apiladas como una pequeña colina cerca de él. Era la única pila que quedaba, pero el poder de Jaime no había aumentado mucho.
Después de consumir tantas piedras espirituales, él solo había conseguido alcanzar el Quinto Nivel de la Fase Fundación. Al principio, Jaime pensó que podía alcanzar la Fase de Trascendencia, pero resulta que la energía espiritual requiere un incremento múltiple a medida que se avanza de nivel.
—¡Dorian, Dorian! —gritó Jaime. Él comprendió que Josefina estaba en peligro, así que necesitaba regresar a Cuenca Veraniega de inmediato.
Muy pronto, uno de los trabajadores de la Residencia Salas llegó. Es probable que estuviera esperando cerca, mientras vigilaba.
—Señor Casas, el Señor Gálvez está ocupado con los arreglos para extraer la veta de la mina. Él no se encuentra aquí —le explicó el hombre de inmediato.
—¿Dónde está el Señor Salas? —preguntó Jaime.
Apenas estaba terminando la pregunta, cuando Joaquín y Teresa llegaron a toda prisa.
—Señor Casas, ¿ha terminado su cultivación? —Joaquín estaba emocionado de ver que Jaime había despertado—. Apenas empezamos a perforar y excavar la reciente veta descubierta, así que necesitamos más tiempo para encontrar algo. Por eso, tardaremos algunos días más para obtener las piedras que usted necesita.
—Tengo una emergencia en Cuenca Veraniega. ¡Por favor, prepara un auto para mí de inmediato! —Jaime parecía ansioso, su frente estaba cubierta de sudor.
Viendo la expresión en el rostro de Jaime, Joaquín no se atrevió a detenerlo y dijo con rapidez:
—Señor Casas, tengo un helicóptero personal. Si tiene usted una emergencia, ¡está a su disposición!
—¡Excelente! —dijo Jaime sorprendido.
Él no esperaba que el propietario de una mina fuera tan extravagante, como para tener su propio helicóptero. Muy pronto este estuvo listo; Jaime entró en él y se dirigió hacia Cuenca Veraniega.
Poco después, Teresa vio como despegaba el helicóptero con Jaime adentro, y no retiró la mirada hasta que había pasado bastante tiempo. Joaquín notó la expresión de nostalgia de la joven y le dio un par de palmadas en el hombro.
—Señor Casas, llegamos. ¡Encontraré un lugar para aterrizar! —le dijo el piloto a Jaime.
—¡No es necesario! —Jaime abrió la puerta del helicóptero.
—Señor Casas, aún estamos a cientos de metros sobre el suelo. Si usted —protestó el piloto.
Sin embargo, antes de que él pudiera terminar de hablar, Jaime saltó del helicóptero. El piloto quedó horrorizado al verlo.
En ese momento, Tristán escuchó el ruido del helicóptero y levantó la mirada. De inmediato vio una figura negra cayendo del cielo.
¡Bum!
Hubo un ruido de algo rompiéndose. El impacto formó un cráter en el piso de piedra azul de la mansión; fragmentos de este salieron expulsados en todas direcciones.

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