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El despertar del Dragón romance Capítulo 508

Nubes de polvo cubrieron el lugar, antes de dispersarse y revelar a Jaime parado en medio del cráter.

—¿Señor Casas? —Tristán estaba pasmado.

«¿Acaso él saltó desde el helicóptero? ¿Aún es humano? Espera, él es un cultivador de energía. Jaime es un cultivador de energía y un inmortal. ¡Ya no es humano!».

Tristán se recuperó de la impresión y vio a Jaime con los ojos llenos de admiración y temor.

—¿Le sucedió algo a Josefina? —preguntó Jaime con rudeza.

—No, la Señorita Serrano está aquí, en su habitación.

Tristán era un miembro de los Benítez, una familia prominente en Ciudad de Jade. Sin embargo, no podía dejar de tartamudear de miedo al ver a Jaime. En este momento, él no se comportaba como el hijo de una destacada familia.

Entonces, Jaime se apresuró a entrar. Josefina escuchó algo de ruido, pero Jaime irrumpió en la habitación antes de que ella pudiera acercarse para ver qué era lo que estaba sucediendo.

—¿Jaime? —Josefina comenzó a llorar al momento en que lo vio, y corrió a sus brazos.

—¿Qué sucedió? —Jaime abrazó a la joven y le dio unas palmadas en la espalda para consolarla.

—¿Por qué regresaste hasta ahora? Fernando y sus hombres secuestraron a Isabel. Ellos dijeron que querían que te arrodillaras para pedirles disculpas. Solo entonces la liberarán. Me temo… Me temo que Fernando ya le ha hecho algo. ¡Es peor que una bestia! —dijo Josefina entre lágrimas.

—¿Fernando? —Una furia asesina surgió en Jaime al escuchar ese nombre. Incluso Tristán pudo sentirla desde afuera de la habitación y tembló de miedo.

Tomás y Fénix también sintieron la ola de rabia asesina. Una felicidad llenó sus corazones porque eso significaba que Jaime había regresado y se ayudaron entre ellos para llegar a la habitación y verlo.

—Josefina, no llores. ¿Puedes decirme en dónde tienen a Isabel? ¡La salvaré y la traeré de regreso! —le preguntó Jaime.

—Hotel Trébol, Fernando mencionó este lugar antes de irse —contestó ella.

—Señor Casas, ¿debo ir con usted? —preguntó Tristán.

—No, ¡puedes quedarte y resguardar el lugar!

Jaime movió su mano con desdén, salió caminando de la mansión solo y se dirigió al Hotel Trébol. Ya estaba anocheciendo en ese momento. El sol ocultándose brilló sobre él y alargó su sombra.

En ese mismo momento, en una habitación del Hotel Trébol, Isabel miraba el techo con tristeza, sus ojos estaban llenos de lágrimas. Ella estaba exhausta de tanto llorar y maldijo hasta que se quedó sin fuerzas. En este momento, ella se sentía petrificada.

Isabel había perdido toda esperanza. Ella supo, una vez que Fernando la capturó, que sería como una oveja entre lobos. No habría ninguna oportunidad de escapar. Por eso, dejó de pelear y espero a que Fernando lograra su cometido, solo esperaba poder suicidarse después de eso y dejar de vivir en este mundo cruel.

—¡Grita! ¿Por qué no gritas? ¡No es divertido si solo te quedas así, como un tronco! —le gritó Fernando.

Sin embargo, Isabel lo ignoró y permaneció como una marioneta.

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