Con una mirada severa, Lobo bajó su puño y le lanzó a Jaime una mirada glacial.
—Malcriado, ¡si piensas que es todo lo que tengo, es obvio que me has subestimado!
—Tío Lobo, ¿qué está sucediendo? —le preguntó Fernando desconcertado.
—¡Argh! Apenas usé la mitad de mi fuerza. Sin mencionar que este pequeño hotel podría colapsar, si uso todo mi poder. ¿Qué se supone que haga si esa belleza sale lastimada? —Él le lanzó a Isabel una mirada libidinosa y lamió sus labios de manera repulsiva, haciéndola sentir incómoda.
Al escuchar eso, Fernando suspiró aliviado.
«¡Ah! ¡Así que fue eso! Me llevé un gran susto. Por un momento pensé que Jaime se podía comparar en poder con un Gran Maestro Superior».
—Bueno, no se quejen de que no les di ninguna oportunidad. Vamos. ¡Salgamos y veamos quien es el mejor! —se burló Jaime.
Al siguiente segundo, él cargó a Isabel en sus brazos y saltó por la ventana. Después de aterrizar con suavidad sobre el piso, ¡desapareció en la oscuridad!
—¡Maldita sea! ¡Ni siquiera pienses que puedes escapar de mí! —lo criticó Lobo cuando recuperó la compostura. Poco después, salió tras ellos.
—¡Tío Lobo!
Tratando de soportar el dolor, Fernando no tuvo más opción que apresurarse para alcanzar al Lobo. Aunque tuvo que aguantar el dolor insoportable a cada paso, sabía que no debería alejarse de él.
«¡Por Dios! ¿Y si Jaime cambia de parecer y va tras de mí? ¡Es imposible que yo sostenga un enfrentamiento con él!».
Mientras tanto, Isabel, en los brazos de Jaime, pudo sentir el viento silbando contra sus oídos, mientras envolvía con sus brazos el cuello del joven y mantenía los ojos cerrados, una sensación inexplicable de seguridad comenzó a surgir dentro de ella.
Con algunos saltos, Jaime llegó hasta un lugar seguro y bajó a Isabel de prisa, temiendo no poder contenerse por más tiempo. Ya que la suavidad de la joven estuvo rozando contra la piel de él, por un momento él creyó que no tendría ninguna escapatoria, si su excitación vencía a su cordura.
Por otra parte, Lobo, quien corrió tras ellos, se rio al ver que Jaime se detenía.
—Malcriado, ¡en verdad tienes mucha audacia! ¡Casi creí que eras un cobarde y que estabas corriendo para salvar tu vida!
Isabel miró a Jaime con incredulidad y levantó la voz.
—Jaime, ¿has pedido la cabeza? ¿Por qué le pediste que te lanzara un golpe? ¿No tienes miedo a morir?
—Sé lo que estoy haciendo. ¡No me preocupa! —gritó Jaime.
No hace falta decir, que él confiaba en que derrotaría a Lobo. De hecho, pensó en tomar la oportunidad para averiguar lo incomparable que era su poder, ahora que había alcanzado el Quinto Nivel de la Fase Fundación.
—Tú…
Isabel se quedó mirándolo, ya que no encontró las palabras para contradecirle.
—Tío Lobo, ¡golpea a ese despreciable malcriado hasta la muerte! ¡Acaba con él de un solo golpe explosivo! —Fernando, quien apenas había llegado, gritó con toda la fuerza de sus pulmones.
Mientras él se arrastraba durante todo el camino, su sangre fue goteando, haciendo que sus pantalones quedaran bañados en sangre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón