Al pensar en Álvaro, Mireya recordó los miles de millones de pesos que le había prometido.
Sus padres tenían razón: no podía permitir que Rocío también le quitara a Álvaro.
De pronto, la lucidez regresó a ella.
Se secó las lágrimas y se levantó del suelo.
—No, tengo que ir a ver a Álvaro ahora mismo. Debo mantenerlo de mi lado…
Dicho esto, se fue al baño, se lavó la cara, se aplicó compresas frías en los ojos y se retocó el maquillaje con algo sencillo. Luego, salió disparada en su carro hacia el hospital donde estaba Álvaro.
Para entonces, Álvaro ya se había recuperado de la emergencia, aunque seguía muy débil.
Al ver entrar a Mireya, su rostro se iluminó.
—Hija, viniste.
—Señor Gómez —dijo Mireya, rompiendo en llanto al instante.
Se arrojó a su lado, fingiendo una culpa inmensa.
—Señor Gómez, ¿cómo pudo ser tan imprudente? No se arriesgue así por mí. No quiero perderlo, señor Gómez.
—Niña tonta, solo quiero que seas feliz, ¿entiendes? Quiero despejar todos los obstáculos de tu camino. Pero después de pasar una noche con Rocío… me di cuenta de que no parece ser el tipo de mujer vulgar que pensaba. Dijo que nunca intentó quitarte a Lázaro —confesó Álvaro, conmovido por Mireya pero lleno de dudas.
Mireya negó con la cabeza, llorando.
—Señor Gómez, Rocío es muy astuta. No es como yo, que tengo que trabajar, atender mis proyectos y supervisar las obras. Ella no hace nada en todo el día más que estudiar el corazón de los hombres. Sabe perfectamente cómo jugar a hacerse la difícil, tiene sus mañas para manipularlos. No podemos contra ella. Me da mucho miedo que también a usted lo pueda engañar. ¡Uuuuh…!
Álvaro se quedó pensativo.
Lo que decía Mireya tenía sentido.
Rocío no tenía ninguna obligación.
Se dedicaba exclusivamente a analizar a los hombres.
Varios de los amigos de Mireya ya habían caído en sus redes. En el arte de seducir, Rocío sin duda tenía más práctica que Mireya.
—No te preocupes, no me dejaré engañar por ella. Puedes estar tranquila. ¡En esta vida, solo te veré a ti como mi hija! —le aseguró Álvaro para que se quedara tranquila.



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