—Pero, aun así, me hizo esperar dos meses enteros.
—Y no solo me hizo esperar, sino que, a pesar de que era él quien me estaba ignorando, cada vez que yo intentaba preguntarle cuándo firmaría el divorcio, me humillaba en público y me impedía verlo una y otra vez, ¡lo que ha retrasado nuestro divorcio hasta ahora!
—Esa es una de las razones por las que hoy he querido que se transmita en vivo.
—¡No puede ser, no puede ser, no puede ser, no, no! —En una plaza fuera del juzgado, una chica miraba su teléfono y no dejaba de repetir «no puede ser» unas siete u ocho veces.
—¡Así que era eso, así que era eso! ¡Este giro de los acontecimientos es demasiado increíble! ¡Qué culebrón! No, no, ¡esto es una calumnia en toda regla!
—Resulta que la mujer a la que toda la red tachaba de amante profesional es… ¡la esposa de Lázaro! Llevan seis años casados, ¡tienen un hijo en común! ¡Ella pidió el divorcio hace tres meses y fue Lázaro quien se hizo el desentendido! ¡No puede ser!
—Pero si es así, ¿en qué lugar queda Mireya, la que fue nombrada joven destacada de la ciudad? —preguntó una enfermera de un hospital cercano que estaba de descanso, mirando su teléfono.
—¡Qué hipócrita! ¡La hipócrita número uno del mundo! La vi en una gala benéfica para ancianos, a esa tal Mireya y a Lázaro, juntos, atacando a la esposa legítima. En ese momento no sabía que Rocío era la esposa, todos pensamos que era una descarada que se metía en medio. Resulta que ella es la esposa, y esta Mireya es la amante. ¡Qué bien sabe fingir! ¡Su hipocresía me da hasta risa! —La risa de otra enfermera era casi histérica.
—La verdad es que, antes de que Rocío se hiciera famosa como la «amante profesional», la vi aquí en el hospital, ayudándonos a salvar a la gente. Le estaba haciendo la respiración boca a boca a una anciana de ochenta o noventa años. Pero no sé por qué, de la noche a la mañana, la empezaron a llamar amante profesional —intervino otra enfermera.
—Sin duda, la están difamando.
—No quiero acaparar la atención pública, no quiero airear la vergonzosa historia de un amor no correspondido por mi marido. Pero todos los que nos conocen a mí, al señor Valdez y a la señorita Zúñiga, piensan que soy yo la que los está separando.
—No solo eso, sino que el señor Valdez, con la excusa de que me interpongo en su camino, quiso echarnos a mí y a mi familia de Solsepia. Para proteger a mi familia, tuve que recurrir a la ayuda de otro hombre. Esa es la razón por la que me han tachado de amante profesional.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Desquite de una Madre Luchona