Mireya se dio la vuelta y vio a Javier.
—¡Abuelo! ¡No se atreverá a hacerme nada! Si vuelve a tocarme, ¡Lázaro no lo perdonará! —Mireya se puso delante de su abuelo para protegerlo y miró con severidad al hombretón—. Aunque no sé quién es usted, y usted no parece conocerme, ¡seguro que sí conoce a mi prometido!
—¿Su prometido?
El hombre soltó una risa burlona.
—Hace un momento quería sobornarnos a todos nosotros con su cuerpo. Somos un montón de hombres, ¿cómo voy a saber a cuál de todos sus prometidos se refiere?
—Tú… —Humillada por segunda vez, Mireya sintió ganas de reventarle la cabeza de un puñetazo. Pero recordaba que, cuando lo había abofeteado, él le había devuelto el golpe al instante, dejándole media cara hinchada.
En ese momento, en casa solo estaban su hermano y su padre como hombres de mediana edad, y no tenían la fuerza para enfrentarse a ese grupo de maleantes.
Mireya no tuvo más remedio que tragarse la humillación y decir, fingiendo una valentía que no sentía:
—¡Mi prometido es el presidente del Grupo Valdez, Lázaro! Si le tienen miedo a Samuel, ¿acaso no le temen a Lázaro?
—¡Ja, ja! —El hombre soltó una carcajada.
Cuando paró de reír, le preguntó a Mireya:
—¿Me está diciendo que usted le pone los cuernos al señor Valdez abiertamente, y con tantos hombres a la vez, y a él no le va a importar? ¿Y que no solo no le va a importar, sino que va a querer hacerse nuestro amigo? ¿Como si fuéramos cuñados?
Mireya no supo qué decir.
Casi sintió que se le subía la sangre a la cabeza.
Se dio cuenta de que ese hombre y su grupo solo habían venido a buscar pleito y a enredar las cosas.
Adolfo, Cristian e Ineta también lo notaron.
Adolfo sacó su celular para llamar a la policía.
Pero el hombretón fue más rápido.
—¿Policía? ¿Cuándo van a llegar? Esta familia, los Zúñiga, está obstruyendo mi trabajo. Una de ellas, una mujer embarazada, incluso me agredió físicamente. Y después de golpearme, intentó intimidarme usando el nombre de su prometido. Siento que mi seguridad personal está gravemente amenazada, por favor, vengan a protegerme lo antes posible.
La familia Zúñiga se quedó sin palabras.


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