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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 78

Cristian ya no pudo contener la furia y le reclamó a Rocío:

—¿Por qué te empeñas en quedarte en Solsepia y no te regresas a tu pueblo en las montañas?

—¿Y a ti qué te importa dónde esté? —le reviró Rocío—. ¿Acaso Solsepia le pertenece a la familia Zúñiga?

—¡Dónde estés no me interesa! Pero que te la pases molestando a Mire, eso sí me afecta directamente.

—Una mujer que no sabe ni leer ni escribir, ¿y te metiste al evento de Lázaro y Mireya para interrogar a Mire sobre el proyecto? ¿Tú sabes siquiera lo que es un proyecto?

Rocío mantuvo una expresión tranquila, pero se rio con desdén:

—¿Así que tú también sabes del proyecto de Mireya?

—¡Es mi hija, por supuesto que sé! —le contestó Cristian, con el mal humor pintado en la cara.

Hizo una pausa y volvió a señalarla con el dedo:

—¡Mire está manejando un proyecto importantísimo! ¿Tú qué puedes saber? ¿Qué ganas fastidiando a Mire? ¿De verdad crees que Lázaro te lo va a perdonar? Mejor vete de regreso a tu pueblo, búscate a un hombre sencillo y cásate, ¿eso no sería más fácil? Te dejé diez mil pesos con tus papás como dote, ¿todavía no te alcanza? Pero no, tú tenías que venir a Solsepia a destruir la relación de Mire y Lázaro.

—¿Me dejaste diez mil pesos? —Por primera vez en diez años, Rocío se enteraba de eso.

—¡Es una compensación por todos los años que tus padres biológicos criaron a Mireya! Y también era tu dote —añadió Ineta, con tono cortante.

Rocío de pronto soltó una carcajada escandalosa.

Por fin entendía por qué sus padres biológicos nunca la dejaron entrar en su casa.

Resulta que habían recibido los diez mil pesos de la familia Zúñiga.

Si la reconocían como hija, ¿no tendrían que regresarle todo ese dinero a ella?

—¡Ja, ja, ja!

¿A esto se reducía su vida? ¿En serio le había tocado el guion más absurdo y sin sentido de todos?

Por un momento, Rocío se sintió perdida.

¿No sería que estaba atrapada en una novela de romance barata, pero interpretando el papel de la villana más odiada?

¿No estaría destinada a ser aplastada por todos los candidatos perfectos, las amigas incondicionales de la protagonista, e incluso por los papás y hermanos de la heroína?

Había hecho la pregunta una vez, y con eso bastaba.

Ahora lo que necesitaba era encontrar nuevos inversionistas.

Apenas llegó a casa, empezó a organizar todos sus documentos y sacó un montón de copias.

Al día siguiente, comenzó a caminar de oficina en oficina, como si vendiera productos, buscando inversores por toda la ciudad.

Pero pasó una semana y, aunque cada día visitó al menos tres posibles interesados, todos la rechazaron de inmediato. Apenas escuchaban que su proyecto era igualito al del Grupo Valdez, ni siquiera la dejaban pasar.

Después de siete días así, Rocío terminó agotada.

Al volver a casa, lo único que quería era dejarse caer en la cama y dormir, pero entonces notó que su abuela no estaba.

—¿Dónde está mi abuela? ¿Dónde está? —le preguntó a Elvia.

Elvia titubeó, nerviosa:

—Rocío… tu abuela… se fue a casa de la familia Zúñiga.

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