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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 101

Además, ella ya tenía la intención de mantener una paz superficial con Verónica.

Verónica hizo un puchero, indicando que entendía.

Después de que Verónica salió, Bianca se volvió hacia su habitación para estudiar.

Cinco minutos después, Selena tocó la puerta y entró.

Miró disimuladamente a su hija y preguntó:

—¿De verdad ya no hay ninguna posibilidad entre tú y Alexis?

Conociendo a su hija, sabía que si todavía sintiera algo por Alexis, jamás abrazaría a un desconocido, ni siquiera por etiqueta de negocios.

Si su hija realmente había hecho eso, significaba que...

Como era de esperarse, Bianca frunció el ceño.

—Mamá, la última vez fui muy clara. Lo mío con Alexis se acabó y no hay vuelta atrás. Por favor, no lo vuelvas a mencionar en la casa.

—Está bien, ya entendí. Sigue estudiando.

Selena cerró la puerta y suspiró levemente.

Al día siguiente, apenas Bianca llegó a la oficina, recibió una llamada de su madre diciendo que Verónica había tenido un accidente de coche y que fuera al hospital de inmediato.

El corazón de Bianca se tensó. Dejó encargados sus pendientes y condujo a toda prisa hacia el hospital.

Al abrir la puerta de la habitación, vio a Selena junto a la cama dándole agua a Verónica.

Al girar la cabeza y ver entrar a Bianca toda preocupada, Verónica sonrió con satisfacción por dentro.

No importaba qué tan fea hubiera sido la pelea de anoche, Bianca seguía tratándola como a una hermana.

Ahí estaba la prueba: al enterarse de que estaba herida, dejó el trabajo y pidió permiso para venir a verla.

—¿Es grave? —preguntó Bianca, dejando su bolsa y acercándose a su madre.

—Menos mal que no, no es grave. La atropelló un repartidor en moto —explicó Selena.

Al mencionar la causa del accidente, Verónica se enfureció:

—Esa gente muerta de hambre es el colmo, por ganarse unos pesos no les importa la vida de los demás.

Selena frunció el ceño. Todos eran personas comunes y corrientes, no le gustaba esa distinción entre "clase alta" y "baja".

No le agradaba que Verónica hablara así.

Pero recordando que estaba herida, solo la consoló suavemente:

—Ya, ya, tranquila. Toma agua primero.

Bianca echó un vistazo a la habitación y no vio a nadie de los Leyva.

—¿No vino nadie de los Leyva? —preguntó Bianca.

La cara de Verónica se oscureció al instante.

Bianca fingió no darse cuenta, tomó su bolsa y se fue a la empresa.

Efectivamente, poco después de que Bianca se fuera, llegó Florencia.

Verónica sonrió apenada.

—Señorita Florencia, qué pena que haya tenido que venir hasta acá. Estoy bien, pasado mañana me dan el alta y podré trabajar normal.

Florencia sonrió con elegancia.

—No hay prisa. El proyecto de Horizonte Capital acaba de terminar, así que la empresa necesita un tiempo para reorganizarse y relajarse.

Al mencionar la pérdida de la licitación de Horizonte Capital, Verónica seguía indignada.

—Señorita Florencia, ¿lograron contactar a Felipe después? ¿No había prometido que no tendríamos problemas?

—Sí, lo contactamos. Felipe dijo que hizo lo que pudo, pero que los directivos de arriba insistieron en usar a Código Quetzal y él no pudo hacer nada.

Verónica soltó una risa burlona.

—Lo sabía, Código Quetzal ganó por puras palancas.

Florencia curvó los labios en una sonrisa, pero la alegría no le llegaba a los ojos.

En realidad, Felipe nunca la había contactado.

No solo eso, sino que, tras indagar con unos contactos, se enteró de que Felipe había sido despedido de Horizonte Capital. La razón oficial era que llevaba tiempo aceptando sobornos de proveedores y por tener una conducta moral cuestionable.

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