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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 109

Lo que eso implicaba era que su relación con Florencia era un hecho; él había aceptado.

Pero todavía no soltaba a Bianca.

Nico sabía que habían andado muchos años sin pasar de cierta base.

Así que Alexis no la soltaba no tanto por amor, sino por orgullo herido.

Si Bianca regresaba, Alexis seguro la humillaría bien y bonito antes de botarla.

Al entenderlo, Nico soltó una risita y chocó su copa con la de Alexis.

—¡Pues felicidades por adelantado para ti y Florencia!

Por otro lado, Norberto estaba ocupado contestando mensajes.

Hacía cinco minutos, Bianca le había escrito.

"Mañana a las 7 p. m., nos vemos en este restaurante".

Adjuntaba el enlace de un restaurante italiano.

Norberto entró al enlace y vio que el precio promedio era alto.

Lo pensó un poco y respondió:

"Hay un lugar nuevo de comida local que está muy bueno, vamos ahí mejor. Te paso la ubicación".

Ese restaurante era de un primo lejano suyo; ya le había avisado que si llevaba amigos le hiciera un 40% de descuento.

La última vez que vio a Bianca con su madre en el hospital, le preguntó a su tío político por los detalles y supo que la enfermedad de Selena requería medicamentos costosos a largo plazo y revisiones constantes.

Además, si recaía, podría necesitar múltiples cirugías.

En esas circunstancias, Bianca debía andar corta de dinero.

Aunque quería verla, no quería que gastara demasiado por su culpa.

Bianca contestó rápido:

"Está bien, nos vemos mañana".

"Sale, hasta mañana".

No alcanzó a bloquear la pantalla y Nico lo cachó.

—¡Uuuy! ¿Con quién hablas? —gritó Nico.

Alexis también bajó su copa y volteó a verlo.

Norberto se tocó la nariz, incómodo.

—Un amigo.

Al día siguiente, en cuanto dieron la hora de salida, Bianca agarró su bolsa y se fue.

En el elevador se topó otra vez con Mariano.

Mariano le sonrió amablemente.

—¿Vas a cenar con amigos?

—¿Cómo sabes? —se sorprendió Bianca.

—Lo supuse. —Mariano sonrió.

Al llegar al sótano, Bianca se despidió de su jefe, subió al coche, puso el GPS y se dirigió a la dirección que le dio Norberto.

No estaba lejos, llegó en veinte minutos.

Al entrar, vio a Norberto enseguida.

Comparado con los demás, destacaba demasiado.

Bianca se acercó y se sentó.

—Perdón, llegué tarde.

—No, yo llegué temprano —dijo Norberto sirviéndole agua.

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