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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 111

Bianca curvó los labios en una sonrisa.

—No hay de qué.

En ese momento, una ráfaga de viento sopló, desordenando el cabello negro y liso de Bianca. Ella bajó la cabeza para acomodárselo detrás de la oreja, con una expresión tranquila y serena.

Norberto observó la escena, y su nuez de Adán se movió involuntariamente; se quedó pasmado en su lugar.

—Director Gámez, nos vemos. —Bianca abrió la puerta de su coche y se marchó sin mirar atrás.

Norberto permaneció allí de pie durante un buen rato antes de subir a su propio vehículo.

El fin de semana, Norberto fue a recoger a Ximena a la hora acordada.

Ese día, llegó a propósito media hora antes.

Antes de salir, se había arreglado más de lo habitual en casa.

Su madre, al verlo, comentó extrañada a su esposo: «Tu hijo anda pavoneándose como pavo real, seguro ya tiene a alguien en la mira».

El padre de Norberto, Yago Gámez, que no apartaba la vista del partido de fútbol, escuchó esto y no pudo evitar mirar la espalda de su hijo al salir.

—Vaya, por fin se le prendió el foco. Tu deseo de cargar nietos está por cumplirse.

Irene dijo sin muchas esperanzas:

—Ojalá así sea.

Al llegar a la Universidad Panamericana del Caribe, Norberto estacionó y fue directo al tercer piso de la biblioteca.

Miró a su alrededor hasta que encontró a Ximena. Jaló una silla y se sentó a su lado, pero no vio por ningún lado a la otra chica.

—¡Ay, primo! ¿Por qué llegaste tan temprano hoy? —Ximena se colgó de su brazo haciendo berrinche.

Norberto le dio un ligero golpe en la frente.

—Compórtate.

Luego, preguntó como quien no quiere la cosa:

—¿Estás repasando sola?

—Así es.

Norberto apretó los labios y no dijo nada más.

«Ah». Ximena giró sus ojos oscuros y redondos, entendiendo todo de golpe.

—Primo, querías preguntar por qué no vino Bianca, ¿verdad? —Sus largas pestañas aletearon como mariposas.

Norberto tomó un libro al azar y lo hojeó.

—Para nada.

—Aunque... —Cerró el libro de golpe—. Si quieres decírmelo, está bien.

Ximena se quedó muda.

«¡Me acabo de dar cuenta de que mi primo es un mustio! ¡Típico Escorpio!».

Ximena no dijo nada, desbloqueó su celular y le envió un enlace a Norberto.

—¿No que a cierto alguien no le importaba?

Norberto bajó la mirada y dijo con frialdad:

—Me parece que estos boletos son reembolsables.

—¡No! —Ximena apretó los dientes y pataleó por lo bajo—. Ya te digo.

—Bianca y Sergio fueron a ver al profesor Nicolás.

Norberto frunció el ceño.

—¿Bianca conoce al profesor Nicolás?

—Sí, ¿no sabías? Bianca fue la alumna predilecta del profesor por mucho tiempo. Dicen que cuando estudiaba la licenciatura, bajo su tutela obtuvo muchas certificaciones y patentes. Luego aprobó el examen de ingreso a la maestría, pero al final decidió no ingresar. Eso dejó al profesor con esa espina clavada por años. Pero bueno, al menos Bianca ya recapacitó.

Hasta ese momento, Norberto se enteró de que Bianca y el profesor Nicolás tenían ese vínculo.

Con razón la capacidad de Bianca era tan sobresaliente; ahora todo tenía sentido.

—Ximena, tienes que guardar el secreto sobre esto.

Ximena hizo un puchero y se quejó—: ¿Te metiste al servicio secreto o qué? ¿Por qué todo el día quieres mantener todo en secreto?

Norberto le acarició la cabeza.

—En el concierto, puedo arreglar que te tomes una foto con tu ídolo o con el imitador oficial.

—¡Hecho, primo, no hay problema, misión aceptada!

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