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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 112

Bianca y Sergio salieron de la oficina del profesor.

Hoy habían discutido sobre una dirección de investigación en particular.

Los puntos que confundían a Sergio se aclararon de repente bajo la guía de Bianca.

—De verdad espero que pronto podamos ser compañeros de clase —dijo Sergio con entusiasmo.

Bianca sonrió.

—Yo también, pero aún no he hecho el examen escrito, y después de eso viene la entrevista.

—Confío en ti, seguro no tendrás problema. —Sergio la miraba sin parpadear.

—¿Tanta fe me tienes?

—Claro, nunca he dudado de tu capacidad.

Tener un amigo que la apoyara tan firmemente hacía que Bianca se sintiera reconfortada.

El sol caía y la luz se volvía suave.

En el cruce de caminos, Bianca miró la hora y se volvió hacia la salida de la universidad.

—Sergio, me voy a casa. Nos vemos.

—Oye, Bianca, ¿qué te parece si nos quedamos a cenar? Yo invito. Abrieron un nuevo lugar de asados cerca de la escuela y dicen que está buenísimo. —Sergio se rascó la cabeza, nervioso.

—Otro día yo te invito, hoy tengo visitas en casa. —Bianca se marchó sin mirar atrás.

Sergio se quedó plantado, mirando fijamente la espalda de Bianca durante un buen rato antes de irse con aire abatido.

—Te gusta ese chavo. —Norberto miró a su prima por el retrovisor; no era una pregunta, sino una afirmación.

Esos labios rojos habían estado apretados desde que vio la expresión de alma en pena de Sergio.

Ximena parpadeó y torció la boca.

—¡Y a ti qué te importa!

Norberto giró el volante y el coche se puso en marcha.

—Está bien, no me importa. Pensaba ayudarte, pero veo que no te interesa.

—¡¡!!

Los ojos de Ximena se iluminaron al instante.

«¡Maldito manipulador!».

El hombre en el asiento del conductor no lo negó, solo sonrió levemente.

—Guárdame el secreto.

Ximena le hizo una mueca.

«Secreto, secreto, ¡pareces jefe de espías!».

Bianca llegó a casa en bicicleta. Verónica estaba tumbada en el sofá viendo un programa de variedades, riéndose a carcajadas.

Al ver entrar a Bianca, solo le lanzó una mirada y la ignoró.

En la cocina, Selena escuchó la puerta y supo que su hija había regresado. Se asomó sonriendo.

—Bianca, ya llegaste. ¿Hace frío afuera? El pronóstico decía que iba a bajar la temperatura.

Bianca se quitó el abrigo y sonrió levemente.

—No, está bien.

Dejó su bolsa en la recámara, se lavó las manos en el baño y fue a la cocina. Al ver que Selena estaba preparando masa para tamales, Bianca se remangó la camisa.

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