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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 130

El señor Alfaro reaccionó y se levantó de un salto. —¡Señor Fajardo! ¡Qué milagro verlo por aquí!

Mariano sonrió. —Estaba en el privado de al lado y escuché su voz, señor Alfaro, así que pasé a saludar.

El señor Alfaro se sintió halagado.

Ese hombre era una figura importante en Ciudad Ámbar; que viniera a saludarlo personalmente era un honor.

—Señor Fajardo, permítame invitarle un trago. —Sin dudarlo, le ofreció una copa.

Mariano sonrió y se la bebió de golpe.

No solo eso, tomó la botella de la mesa y se sirvió dos copas más.

—Me tomo estas dos también. —Al terminar, sonrió y le dijo al señor Alfaro—: Si ya bebí yo, mi empleada ya no tiene que beber, ¿verdad?

Bianca se quedó pasmada.

Su empleada... ¿Mariano estaba bebiendo por ella?

Apretó el puño, incómoda.

El señor Alfaro se quedó un momento desconcertado, miró a Bianca, luego a Mariano y creyó entenderlo todo.

Vaya, todos traían a sus parejas de viaje.

—No se preocupe, señor Fajardo, capto el mensaje. —El señor Alfaro le guiñó un ojo, dándose por enterado.

A Bianca se le aceleró el corazón. Sabía que el señor Alfaro había malinterpretado todo, pero no podía explicarlo.

Si aclaraba las cosas, dejaría mal a Mariano y probablemente la harían beber más.

Así que se hizo la loca, aunque sentía que la cara le ardía cada vez más.

—Ay, directora Bianca, ¿por qué estás tan roja? —Adriana le tocó la mejilla, asustándola.

Al reaccionar, vio que Mariano ya se había ido.

Respiró hondo para calmarse.

Adriana le guiñó el ojo.

Con mucha sincronía, Bianca soltó: —Es que el alcohol me pone así.

Adriana exclamó: —¡Uy! Escuché que ponerse rojo es porque el hígado no procesa bien, ¡te puede dar algo!

Al oír eso, al señor Alfaro le tembló la mano.

Inmediatamente le pidió a su secretaria que llamara un taxi para mandarlas al hotel.

En el privado solo quedaron el señor Alfaro y su secretaria mirándose las caras.

El señor Alfaro reflexionó sobre lo que dijo Alexis al irse y no pudo evitar el chisme:

—¿Tú qué crees que se traen esos cuatro?

Secretaria: «¿Y yo qué voy a saber?»

Al llegar al hotel, Bianca y Adriana estaban algo mareadas.

El alcohol del señor Alfaro era fuerte y, aunque aguantaban, ya se les había subido.

Bianca descansó un poco y se metió a bañar.

Al terminar, se sintió mejor, pero se dio cuenta con horror de que olvidó meter la pijama.

—¿Adriana? ¿Adriana, estás ahí? Pásame la pijama que está en la cama, porfa.

Nadie contestó.

Bianca pensó que Adriana se había quedado dormida.

Justo cuando iba a salir corriendo desnuda, una mano se metió por la puerta.

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