Bianca lo malinterpretó; pensó que él venía a abogar por la otra parte. Soltó el tenedor de golpe y, como un gato erizado, dijo con sarcasmo:
—Si vienes a convencerme de que me rinda, lo siento, te vas a decepcionar. No tengo miedo de ir a juicio contra Teje el Futuro.
Norberto apretó los labios.
—Me malinterpretas, no tengo esa intención.
—¿Entonces qué quieres?
Norberto guardó silencio. Bianca pensó que se había quedado sin argumentos, y al recordar la comida de hoy, sintió aún más repulsión.
—Entonces, ¿hiciste que Ximena me trajera aquí a propósito?
Bianca tomó una servilleta, se limpió la comisura de los labios y luego arrojó el papel sobre la mesa con fuerza.
Se levantó para irse.
Norberto no la dejó y levantó la vista para mirarla directamente.
—¡Permiso! —dijo Bianca con voz fría.
Norberto hizo una pausa antes de decir:
—Vine a preguntarte si necesitas un abogado.
¿Qué?
Bianca estaba confundida, no entendía lo que decía.
¿Por qué le preguntaba si necesitaba un abogado?
¿No debería estar deseando que ella no tuviera ayuda legal y perdiera miserablemente?
En medio de su confusión, escuchó a Norberto decir:
—Los mejores abogados laborales del país están en Grupo Gámez. Si lo necesitas, puedo pedirles que te representen.
Bianca se quedó petrificada.
¿Qué estaba diciendo?
¿Que los abogados de Grupo Gámez la defendieran en un juicio contra Teje el Futuro?
Bianca lo miró y negó lentamente con la cabeza.
—No es necesario, puedo arreglármelas sola.
Se levantó de nuevo para irse. Esta vez Norberto no la detuvo; se hizo a un lado y la vio salir del restaurante.
Un rato después, Ximena regresó del baño.
—¿Eh? ¿Y Bianca?
Norberto se frotó el entrecejo.
—Se adelantó.
Había costado mucho acercarse a Bianca y no quería perder a esa amiga.
Bianca ya se había calmado.
Aunque no entendía por qué Norberto le había dicho esas cosas tan extrañas, no parecía tener malas intenciones.
—Ya, no te estoy culpando. —Bianca le pellizcó la mejilla.
—¡Qué bueno! Esto es para ti... —Ximena casi se traba al hablar—. Te pedí la comida para llevar.
Pensándolo bien, Bianca debía haber discutido con su primo, de lo contrario no se habría ido sin comer.
Viéndolo así, su primo no era la gran cosa.
Los mayores de la familia se la pasaban alabándolo como si fuera un dios, pero para conquistar mujeres no servía de mucho.
Bah, ni siquiera le llegaba a los talones a ella.
¡Al menos ella se atrevía a insistir y ser bien pegajosa!
Sergio, tras terminar el proyecto que le encargó el profesor, corrió hacia la biblioteca.
Al mismo tiempo, contaba los días mentalmente.
Faltaban más de veinte días para el examen escrito de la maestría. Navidad caía justo después de los exámenes, y quería declarársele a Bianca ese día.
Hoy iba a buscar a Bianca, además de para la asesoría habitual de matemáticas, para confirmar la hora con ella por adelantado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...