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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 143

Al pensar en eso, el corazón de Sergio latía con emoción.

Cuando estaba por llegar a la entrada de la biblioteca, vio de golpe un coche de lujo estacionado enfrente.

Un Mercedes Clase G.

Había un hombre recargado en el cofre fumando.

El humo que exhalaba lentamente cubría su expresión, impidiendo verla con claridad.

Sergio reconoció a la persona de inmediato.

Era el primo de Ximena.

A esta hora, ¿qué hacía aquí...?

Sergio levantó la vista instintivamente hacia el tercer piso de la biblioteca.

De hecho, ya se había topado antes con Norberto caminando con Bianca. Como hombre, entendía perfectamente las intenciones de Norberto hacia ella.

Siguió caminando y, de repente, la mirada de Norberto se posó en él. Sus ojos se encontraron.

Norberto asintió a modo de saludo, y Sergio se detuvo un instante para devolver el gesto.

Aunque mantuvieron la cortesía, ambos rostros mostraban una clara distancia y alerta.

Fue una reacción instintiva entre dos hombres.

Al llegar al tercer piso, Sergio vio a Bianca enseguida.

Ximena, que debería estar sentada frente a ella, no estaba por ningún lado.

Arrastró una silla y se sentó a su lado.

Bianca se sorprendió gratamente.

—Llegaste. ¿Ya terminaste el proyecto del profesor?

—Sí, ya quedó. —Sergio respondió sonriendo—. ¿Cuáles son los problemas que no entiendes?

—Solo este.

—Qué bien, cada vez son menos las dudas. Parece que tienes el examen asegurado.

Sergio bajó la cabeza para explicarle el problema y Bianca lo entendió en poco tiempo.

Volvió a calcularlo ella misma desde el principio para entender la lógica y luego dejó el bolígrafo.

Bianca se estiró y de repente recordó algo.

Le preguntó a Sergio:

—¿Por qué le dijiste a Ximena que habíamos quedado para Navidad?

—Yo... de repente recordé que tal vez tenga que trabajar horas extra ese día...

Bianca no tenía intención de empezar una nueva relación por ahora. Independientemente de lo que Sergio quisiera, tenía que cortar esa posibilidad de raíz.

Lamentablemente, Sergio no captó la indirecta.

Se rascó la cabeza.

—Dijiste "tal vez". Ya confirmaré la hora contigo cuando se acerque la fecha.

—Sergio, en realidad no...

—¡Sergio, llegaste! —Ximena apareció como un pajarillo alegre, y sus ojos se iluminaron al verlo.

Sergio sintió un dolor de cabeza.

—Bianca, tengo cosas que hacer, me adelanto.

—Oye, Sergio, Sergio... —Ximena salió disparada detrás de él, siguiéndolo hasta la puerta de la biblioteca.

Tres minutos después, regresó cabizbaja.

No hacía falta adivinar, Sergio la había rechazado otra vez.

Sin embargo, en asuntos del corazón nadie debe meterse, así que Bianca no le dijo nada.

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