Lorena entrecerró los ojos:
—El director Zúñiga y Bianca fueron novios antes.
—¡¿Qué?! —Todos soltaron una exclamación ahogada.
Alguien no pudo aguantarse y preguntó:
—Entonces, si el director Zúñiga y la señorita Florencia están juntos, eso significa que él...
¡Le puso el cuerno!
Lorena se burló:
—Y no solo eso. Bianca dejó sus estudios para acompañar a Alexis a emprender. Trabajó cinco años para levantar las ventas de la empresa. Originalmente, Alexis planeaba darle el puesto de subgerente a Bianca, pero de un momento a otro se lo dio a Florencia.
—Solo porque Florencia es su amorcito.
—Y hay más: se suponía que este mes Alexis y Bianca se comprometían, pero luego... ya saben, Bianca renunció y Florencia se le pegó a Alexis.
Todos guardaron silencio al escuchar eso.
Un momento después, los insultos estallaron en el privado.
—¡No manches, hace mucho que no veía a un patán de ese nivel!
—¡Ese par de perros merecen estar juntos, ojalá no salgan a desgraciarle la vida a nadie más!
—No, no, tengo que contar lo de estos dos malditos, ¡a ver si ella se sigue atreviendo a dárselas de intelectual muy digna!
Después de esa noche, la reputación e imagen de Florencia en Teje el Futuro se fueron al suelo.
Mientras tanto, ella estaba en su casa hablando por teléfono con Jaime, que estaba al otro lado del océano.
La risa perezosa de Jaime se escuchó a través del teléfono.
Le dio una calada profunda a su cigarro.
—¿Cómo estás tan segura de que aceptaré tus condiciones?
Florencia también rio, jugando con su cabello mientras hablaba.
—Si no recuerdo mal, tienes una hermana en San Jerónimo del Progreso que se llama Carla López, ¿verdad?
La respiración de Jaime al otro lado de la línea se detuvo.
—Ah, parece que mi información es totalmente correcta. —Florencia curvó los labios hacia arriba.
—¿Qué quieres hacer? —La voz de Jaime estaba cubierta de hielo; era la señal de su furia.
—Tranquilo, mientras seas obediente, tú y tu hermana estarán bien.
La persona al otro lado respiró hondo.
—Está bien, acepto volver. Dame un mes.
Bianca sonrió.
—Mamá, no te preocupes por mí, yo aguanto.
Madre e hija estaban platicando cuando sonó el timbre de repente.
Selena se levantó a abrir.
—¿Eh? Verónica, ¿qué haces aquí? ¿Ya cenaste?
Verónica no dijo nada y entró hecha una furia.
Azotó su bolsa en el sofá.
—¡Bianca, eres una sinvergüenza!
En la cocina, a Selena le tembló la mano y casi tira el plato que estaba sirviendo. Salió corriendo y frunció el ceño.
—Verónica, ¡cómo te atreves a insultar!
Qué clase de nido de víboras era la familia Leyva... Desde que Verónica volvió con ellos, se había vuelto cada vez más extraña.
Antes pensaba que era inmadurez por la edad, pero ahora la escuchaba insultar.
Y a su hermana de crianza.
Selena estaba tan impactada que no podía creerlo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...