—Verónica, bájale dos rayitas, vamos a hablar bien —dijo Selena jalándola del brazo, tratando de calmarla.
Pero Verónica no tenía ni una pizca de calma en ese momento; su mente estaba llena de la mirada de decepción de la señorita Florencia.
Tras perder el arbitraje, Florencia estaba muy decepcionada de ella.
Aunque no lo dijo explícitamente, Verónica sabía que la relación que apenas habían construido ya tenía una grieta.
Florencia había malinterpretado todo, creyendo que Verónica ocultó deliberadamente parte del material, lo que provocó la derrota en el arbitraje.
¡Pero Verónica era inocente, de verdad no sabía nada!
Haciendo memoria, la puerta de Bianca estaba cerrada con llave antes de su viaje de negocios, pero el mismo día que se fue, curiosamente, la dejó sin seguro.
¡Bianca lo hizo a propósito!
¡Fue una trampa para que ella cayera!
Verónica odiaba a muerte a Bianca, pero no había remedio, lo hecho, hecho estaba; solo le quedaba intentar enmendar el error.
Durante el día se había rebajado a ser la mandadera, recolectando chismes por toda la empresa para reportárselos a Florencia.
Pero por la tarde, Florencia seguía ignorándola; ni siquiera probó el café que ella le compró.
¡Todo esto era culpa de Bianca!
Así que, al salir del trabajo, Verónica no lo pensó dos veces y corrió furiosa a la casa de la familia Guzmán.
—¡Bianca, eres una maldita, me tendiste una trampa! —Verónica empujó a Selena, quien perdió el equilibrio y cayó al suelo.
Verónica se quedó pasmada un segundo.
—Mamá, yo no quería... ¡Ah!
Antes de que pudiera reaccionar, recibió dos cachetadas bien dadas, una en cada mejilla.
¡Plaff!
Verónica sintió que el mundo le daba vueltas y los oídos le zumbaban.
Unos segundos después, sintió un ardor insoportable en la cara.
Se le estaba hinchando.
Bianca ayudó a su madre a levantarse del suelo y miró fríamente a Verónica, quien encogió el cuello y retrocedió un paso instintivamente.
—Esas dos cachetadas son para enseñarte a ser gente. Si todavía no aprendes, no me molesta seguir educándote.
—Ya que terminó, ahora me toca a mí.
—Primero: el caso de arbitraje laboral entre Teje el Futuro y yo ha concluido. El tribunal falló a mi favor. Aquí está la notificación de cierre. Si tu señorita Florencia no está conforme, puede seguir demandando. Y si la que no está conforme eres tú, pues qué pena, te aguantas.
—Segundo: ¿Que yo te tendí una trampa? Ja. Verónica, todavía no había tenido tiempo de ir a buscarte para ajustar cuentas, y tú solita viniste a tocar a mi puerta. Muy bien, entonces explícame, ¿cómo fue exactamente que te tendí una trampa, eh?
Verónica se quedó muda.
En su impulso por venir a reclamar, se le olvidó que el asunto de robar las cosas de Bianca para fotocopiarlas era un delito grave.
Sus ojos se movían nerviosos de un lado a otro; la culpa era evidente.
—¡El caso es que lo que hiciste estuvo mal, y ya no quiero ser tu hermana de crianza! —gritó Verónica para desviar el tema.
Selena se sobresaltó.
—¡Verónica, no seas impulsiva!
—¡No soy impulsiva! ¡Me da vergüenza tener una hermana de crianza tan calculadora!
—Ja —Bianca esbozó una media sonrisa sarcástica—, tú no eres calculadora, eso está claro. Para eso se necesita cerebro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...