—Tú... —Verónica zapateó del coraje—. ¡Ya ves, mamá! ¡Así es como me trata!
Selena, sin poder evitarlo, jaló el brazo de su hija.
—Bianca, hablen las cosas con calma.
Bianca respiró hondo.
—Mamá, ¿sabes lo que hizo?
—Sabiendo que yo tenía un pleito legal con Teje el Futuro, se metió a mi cuarto, robó mis documentos y los fotocopió para dárselos a la contraparte como evidencia. Ella intentó hundirme a propósito, ¡y ahora se hace la víctima!
Selena se quedó helada. ¿Cómo era posible?
Se llevó la mano al pecho y miró hacia la puerta.
—Verónica, ¿es cierto eso?
La mirada de Verónica esquivaba todo contacto visual; no se atrevía a ver a Selena a los ojos.
—Ella... ella miente, está inventando cosas... me está calumniando.
Al ver esa reacción, a Selena se le cayó el alma a los pies.
Sabía que desde que Verónica regresó con la familia Leyva ya no era tan cercana a ellas, y sabía que se le habían pegado malas mañas.
En sus palabras a veces notaba envidia por la clase alta, desprecio hacia la familia Guzmán y quejas ocasionales sobre Bianca.
Pero Selena siempre creyó que era algo pasajero.
Como una adolescente rebelde, pensaba que algún día Verónica maduraría y se daría cuenta de quiénes eran los que realmente la querían.
Jamás imaginó que, en lugar de madurar, recibiría una puñalada por la espalda.
Al ver el rostro pálido de su madre, a Bianca le dolió el corazón.
Pero más vale una vez colorado que cien descolorido.
Ya que Verónica no estaba de su lado, era mejor que su madre viera la realidad cuanto antes.
Con eso en mente, Bianca sacó su celular.
Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
—Este es el registro de la cámara de seguridad de mi cuarto durante los tres días que estuve de viaje. Dices que te estoy calumniando, entonces dime, ¿quién es esta persona que se prueba mis vestidos y se lleva mis cosas a fotocopiar?
Las palabras de Bianca cayeron sobre Verónica como un balde de agua helada.
Sintió que la sangre se le congelaba en las venas.
—¡Tú... tú me grabaste a escondidas! —Verónica apretó los dientes. Jamás imaginó que Bianca pondría una cámara en su propio cuarto.
—Cuidado con lo que dices. Puse una cámara en mi propia habitación por seguridad, eso no es grabar a escondidas.
Ante la prueba irrefutable, Verónica no se atrevió a replicar.
Su cara cambiaba de color entre el rojo de la vergüenza y el blanco del miedo. De repente, corrió hacia Selena llorando.
—¡Mamá, fue un error, perdóname! Todavía soy joven y no sé lo que hago, te juro que no lo volveré a hacer.
Selena, con expresión sombría, le quitó las manos de encima.
Selena tenía los ojos rojos.
—Ay, hija, cuánto has tenido que aguantar. Debiste decirme antes.
—No pasa nada, ya todo terminó.
***
Al regresar a la mansión de los Leyva con su bolsa, Verónica se topó con Inés Leyva, que traía una mascarilla puesta.
Al ver que Verónica traía los cachetes rojos e hinchados, Inés soltó una carcajada.
—¡Uy! ¿Qué te pasó? ¿Te pescó la esposa en plena movida?
Verónica sintió una oleada de furia, pero como Inés era la consentida de los señores Leyva, tuvo que tragarse el coraje.
Intentó rodearla para subir las escaleras, pero Inés le bloqueó el paso.
Con una sonrisa torcida, Inés dijo:
—Te aconsejo que cuides tu reputación, no vaya a ser que la familia Luna te devuelva la mercancía.
¿Que la familia Luna la devuelva?
¿Qué quería decir con eso?
Verónica alzó la vista para mirarla.
—Vaya, así que no sabías nada —la sonrisa de Inés se ensanchó, y con la mascarilla puesta, parecía un demonio salido del infierno.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...