Norberto soltó una risita.
¿«Ustedes los ricos»?
Ella estaba marcando deliberadamente una línea divisoria entre los dos.
Norberto no lo negó, simplemente dijo:
—Aquí la vista es mejor que en cualquier palco, y el ambiente es más auténtico.
Bianca no respondió.
Consideraba que no tenía confianza con Norberto, pero el hombre siempre buscaba la manera de sacarle plática. La verdad, le resultaba un poco molesto.
Pero como era el primo de Ximena y, para colmo, la había ayudado un par de veces, no podía simplemente mandarlo al diablo.
Pasó un rato. Bianca miró su celular y fingió sorpresa.
—¡Híjole! Ya casi es la una de la mañana, tengo que irme a casa.
Norberto detectó su mala actuación al instante.
Le pareció hasta tierno.
—Vamos, te llevo.
Bianca se negó rotundamente, sacudiendo la cabeza y las manos.
—No, gracias. Vivo muy cerca, me iré caminando.
—Entonces te acompaño caminando.
—De verdad, no hace falta.
Norberto se frotó el entrecejo.
—Es muy tarde. Si te pasara algo, me sentiría culpable toda la vida.
—Está bien.
Ya que lo ponía así, seguir negándose haría parecer a Bianca una malagradecida.
En el camino, Norberto le preguntó:
—¿Has hablado con Ximena últimamente?
—No, he tenido mucho trabajo.
El asunto del topo en Código Quetzal había sido un escándalo que llegó hasta la policía. Mucha gente en el sector hablaba de eso, incluso Norberto se había enterado.
Gracias a eso, Bianca se había hecho una pequeña fama en el gremio.
Norberto continuó:
—Ximena ha estado muy decaída estos días. Si tienes tiempo, ¿podrías hablar con ella y animarla un poco?
Bianca aminoró el paso.
Al verla, Norberto se quitó su bufanda negra.
—No es necesar...
Antes de que pudiera terminar de negarse, él ya le había dado dos vueltas a la bufanda alrededor del cuello.
Bianca se quedó pasmada.
—Ya es tarde, sube pronto —dijo Norberto en voz baja.
Estaban frente al edificio de Bianca.
Ella bajó la mirada hacia la bufanda.
—Se la daré a Ximena para que te la devuelva otro día.
Norberto entendió al instante: esa era su forma de aceptar ayudar a Ximena.
—Bien, me parece perfecto.
Esperó hasta que se encendió la luz de una ventana específica antes de darse la vuelta para irse.
Era demasiado tarde para caminar de regreso, así que pidió un taxi. En el camino, le mandó un mensaje a su asistente para que recogiera su coche del club al día siguiente.
Justo cuando iba a bloquear el celular, vio que había llegado una foto al grupo de los cuatro amigos.
Al ampliarla, vio que era una foto de él acompañando a Bianca a casa, tomada desde atrás.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...