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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 185

Bianca la miró, observando cuidadosamente su expresión.

—¿Me odiarás por esto? ¿Dejarás de hablarme?

Ximena pareció sorprendida y parpadeó confundida.

—¿Por qué te odiaría? Si a Sergio no le gusto es porque no fui capaz de enamorarlo, ¿qué culpa tienes tú?

Bianca sonrió, aliviada.

Después de lo que pasó con Verónica, se había vuelto muy sensible con los límites en las relaciones.

Si Ximena se hubiera molestado y decidido alejarse, lo habría entendido.

Pero jamás imaginó que a Ximena no le importaría y que, al contrario, se culparía a sí misma por "no tener la habilidad" de conquistar a Sergio.

Por suerte, no iban a terminar peleadas por un hombre.

Ximena se colgó del brazo de Bianca y dijo alegremente:

—Bianca, tranquila. Aquí perseguimos a los hombres jugando limpio, nada de competencias tóxicas entre mujeres.

—Además, tengo energía y trucos de sobra, ¡no tengo miedo de no conseguir a Sergio!

Bianca se quedó sin palabras.

—¡Pues te deseo éxito! —dijo riendo y despeinándola un poco.

De repente, Ximena le guiñó un ojo.

—Bianca, ¿qué opinas de mi primo?

Al mencionar a Norberto, Bianca recordó algo.

—Cierto, la otra vez tu primo dejó su bufanda conmigo. La traje hoy, ¿podrías devolvérsela?

Los ojos de Ximena se iluminaron.

¡Vaya! Su primo iba en serio y rápido, ¡ya estaban en la etapa de prestarse bufandas!

Negó con la cabeza efusivamente.

—Nuestras casas quedan muy lejos, es un lío llevársela. Mejor guárdala tú y se la das cuando tengas tiempo.

Dicho esto, Ximena se felicitó mentalmente.

¡Jajaja, qué lista soy! ¡Seguro el próximo mes mi mesada se duplica!

Mientras tanto, en el estudio de la mansión Gámez, Norberto estornudó tres veces seguidas.

Irene subió corriendo, preocupada.

—Eso es un resfriado. Le diré a la señora que le prepare un caldo.

Norberto hizo un gesto con la mano.

—No hace falta, solo tomaré más agua.

Al bajar la montaña, las tres estaban exhaustas. Comieron en un pequeño restaurante cercano y luego cada una se fue a su casa.

Bianca llegó primero. Se bañó y, apenas se acostó, recibió una llamada de Mariano.

—Feliz Navidad.

El primer día laborable después de Navidad, Bianca llegó temprano a la oficina.

Hugo ya la estaba esperando en el vestíbulo.

—Hugo —lo llamó Bianca—, perdón por hacerte esperar.

Hugo sonrió con elegancia.

—Para nada, yo llegué antes.

Subieron en el elevador y Bianca llevó a Hugo a presentarse por los departamentos.

Justo en ese momento, Adriana entraba.

Alzó una ceja.

—¿Nuevo ingreso? ¿Está guapo?

—Así es —dijo Bianca—, un galanazo.

—¿Dónde está? ¡Quiero ver! —dijo Adriana emocionada.

—Fue por agua, ya viene.

Apenas terminó de hablar, una figura alta salió del área de café.

Adriana se giró y su sonrisa se congeló en el acto.

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