La mirada de Verónica mostró un instante de culpa, pero sobre todo odio.
Miró con rencor a Bianca y a su madre y siguió caminando sin siquiera saludar.
—Ay, Verónica es una decepción. Bien dice el dicho que cría cuervos y te sacarán los ojos —dijo Selena negando con la cabeza.
Había dedicado tanto esfuerzo a Verónica desde niña como a su propia hija, pero al final terminaron como enemigas.
De día no decía mucho frente a Bianca, pero en la soledad de la noche, a menudo abrazaba la foto de las tres y lloraba.
Aún guardaba la esperanza de que, como Verónica era joven, algún día entendería lo buenas que fueron con ella.
Pero al verla hoy, el odio en sus ojos decepcionó aún más a Selena.
Se acabó la última pizca de ilusión.
De ahora en adelante, serían como extrañas.
—Bianca, ¿en qué piensas? —Selena le tiró del brazo al verla distraída mirando a lo lejos.
Bianca retiró la mirada pensativa y volvió en sí.
—En nada, mamá. Lo pasado, pasado. Vamos a caminar a esa arboleda.
Mientras caminaba, sentía que algo no cuadraba.
Justo cuando Verónica se dio la vuelta, se tocó el vientre instintivamente.
Su abdomen parecía estar ligeramente abultado.
Verónica siempre cuidó mucho su figura y su rostro; durante años solo comía ensaladas y verduras hervidas para mantenerse, jamás se permitiría tener lonjas.
A menos que... a menos que estuviera embarazada.
Bianca frunció el ceño y sintió un vuelco en el corazón. No creo, ¿verdad?
Con la pista de Verónica, Florencia contrató a un detective para investigar el paradero del padre de Bianca.
Pronto, el detective tuvo resultados.
Cuando Florencia recibió el informe ese mismo día, le pareció un chiste.
El mundo es un pañuelo.
La persona que tanto buscaba estaba justo a su lado.
¿Será esto parte de su maldito destino entrelazado con Bianca?
—Seguro el señor Ramiro fue al hospital a ver a su exesposa y a su hija.
Eloísa se sorprendió.
—¿Qué exesposa y qué hija?
Florencia no se guardó nada; tomó el informe de la mesa, se lo dio a su madre y le contó lo de Bianca y su madre en el hospital.
—¡Maldito! Ramiro es un malagradecido. Come y bebe gracias a la familia Sáez, y todavía piensa en la ex y la hija. ¡No, esto no se queda así, me va a oír!
Eloísa estaba furiosa y quería llamar a Ramiro ahí mismo para ajustar cuentas, pero Florencia la detuvo.
—Mamá, no seas impulsiva —le dijo sonriendo—. Déjalo por ahora, me sirve para algo.
Eloísa frunció el ceño.
—¿Qué piensas hacer?
Florencia extendió las manos para admirar su manicura recién hecha; estaba encantada con ella.
—Pues usarlo contra Bianca, claro. Ya sabes que esa mujer me hizo tropezar hace poco y no sabía cómo darle su merecido. Pero mira, hasta Dios me ayuda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...