En plena hora pico, los coches hacían fila para cambiar de carril. Bianca estaba en medio del tráfico cuando sintió el golpe por detrás.
Orilló el coche y se bajó para reclamarle al conductor.
Para su sorpresa, vio bajar a Verónica del asiento trasero.
El chofer del otro auto era un hombre que nunca había visto, con cara de buena gente.
—Tuvieron la culpa. Voy a llamar a la aseguradora y a tránsito —dijo Bianca señalando el golpe en la defensa.
El chofer asintió repetidamente.
—Sí, sí, claro, fue nuestra culpa, lo reconocemos.
Pero Verónica no iba a dejarlo así.
Hizo una mueca de desprecio.
—Ay, por favor, no hagas drama por una cosita así. Qué pérdida de tiempo. Además, tu Mercedes solo tiene un rasguño, mi Maybach vale mucho más que el tuyo y no me estoy quejando.
Bianca miró el Maybach. Sí, modelo reciente, equipamiento de lujo, muy exclusivo.
Luego regresó su atención al teléfono.
—Que tránsito decida quién paga.
Al ver que Bianca la ignoraba, a Verónica le hirvió la sangre.
«¡Con qué derecho me ignora!».
Ella estaba a punto de casarse con un Correa, de ser una señora de sociedad. En cambio Bianca seguía siendo una empleada más. ¡Sus vidas iban a ser totalmente diferentes!
¡Todos los que hablaban bien de Bianca y mal de ella se iban a arrepentir!
Verónica le arrebató el celular a Bianca y frunció el ceño.
—Me siento mal, no tengo tiempo de esperarte. A ver, ¿cuánto quieres? ¡Yo te lo doy!
Al decir que se sentía mal, Bianca miró instintivamente su vientre. En el hospital ya había notado que estaba un poco abultado, ¿será que...?
—Así es, estoy embarazada y pronto me voy a casar con una familia rica —soltó Verónica con orgullo, sin ocultar nada.
Bianca confirmó sus sospechas, pero no se sorprendió mucho. Sonrió levemente.
—Felicidades entonces.
Verónica resopló al ver la calma de Bianca.
«Se hace la digna, pero por dentro se muere de envidia».
En un momento, el dinero llegó al celular del chofer, y este se lo transfirió a Bianca.
Verónica se acomodó el cabello y sonrió con superioridad.
—Tómalo. Sé que para ti es mucho dinero, pero para mí es lo que cuesta una bolsa. De ahora en adelante, a mi hijo y a mí no nos faltará nada, seremos muy felices.
Bianca mantuvo su sonrisa cortés, subió a su auto y se marchó.
Al llegar a casa, durante la cena, Bianca le contó a su madre lo de Verónica.
Selena se sorprendió mucho.
—¿Verónica embarazada? ¿De quién? Está muy joven, ¿cómo se le ocurre ser madre soltera?
Pero al recordar cómo las había tratado Verónica, suspiró.
—Bueno, no es asunto nuestro. Que haga con su vida lo que quiera.
Bianca bajó la mirada.
Recordó que el chofer había dicho «Señora Correa» y se quedó pensando.
En toda la ciudad, las familias ricas de apellido Correa se contaban con los dedos de una mano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...